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1 de Julio de 2011
Neurociencia

Un órgano oculto en los ojos

Nuestro organismo ajusta los ritmos circadianos merced a ciertas neuronas especializadas de los ojos. Los estudios en curso podrían dar lugar a nuevos tratamientos contra la depresión invernal y otros trastornos.

bryan christie

En síntesis

Ciertos animales perciben la luz con órganos extraoculares; los humanos no. Aun así, algunas personas ciegas logran ajustar su organismo al ciclo de día y noche.

En años recientes, tales respuestas no visuales a la luz se han asociado a neuronas especializadas ubicadas en la retina. Además de detectar luz por sí mismas, retransmiten las señales de otras células fotosensibles, como los bastones y conos.

Esas neuronas responden a la luz azul y pudieran ser vestigios de órganos arcaicos heredados de nuestro pasado como invertebrados.

El descubrimiento puede dar lugar a nuevas vías de tratamiento del trastorno afectivo estacional, ciertas alteraciones del sueño y otros males.

En los años veinte del siglo XX, Clyde E. Keeler, doctorando de la Universidad de Harvard, descubrió dos hechos sorprendentes en unos ratones criados por él en el desván donde vivía. Uno, que toda su progenie era completamente ciega. Dos, que a pesar de su invidencia, las pupilas de esos ratones todavía se contraían en respuesta a la luz ambiente, si bien a un ritmo más lento que en los ratones con visión normal.

Las observaciones de Keeler se comprobaron muchos años después. Se demostró que los ratones transgénicos cuyas retinas carecían de los bastones y conos implicados en la visión seguían respondiendo a los cambios de luz mediante el ajuste de su reloj circadiano (el temporizador interno que sincroniza la actividad hormonal, la temperatura corporal y el sueño). Los animales experimentales realizaban las actividades diurnas típicas a la luz del día, y las propias de la noche en la oscuridad. Podían hacerlo a pesar de que sus retinas carecían de las células fotorreceptoras que permiten a los vertebrados la formación de imágenes; pero la extirpación quirúrgica de los ojos abolía esa capacidad. El fenómeno se presenta en numerosos mamíferos, entre ellos los humanos; en experimentos recientes se ha comprobado que ciertas personas ciegas ajustan sus relojes circadianos y contraen sus pupilas en respuesta a la luz.

Una explicación de esa aparente paradoja sería que los fotorreceptores en el ojo imprescindibles para la visión no intervienen en la temporización de la actividad cotidiana, sino que lo hacen otros fotorreceptores. Pero hasta hace muy poco, la idea de que los ojos albergaran fotorreceptores distintos de los conos o los bastones se antojaba absurda, ya que la retina constituye uno de los tejidos estudiados más a fondo de nuestro cuerpo.

Empero, existen ahora datos convincentes de que los ojos de los mamíferos sí cuentan con fotorreceptores especializados no implicados en la formación de imágenes. En estas células, las moléculas fotodetectoras difieren de las de los conos y bastones, y las células mismas se conectan con regiones cerebrales distintas de las de aquellos. Así, igual que los oídos nos proporcionan la audición y, además, el sentido del equilibrio, cada uno de nuestros ojos integra dos órganos.

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