El contagio en un mundo hiperconectado

Lecciones para afrontar la pandemia actual y prevenir otras en el futuro.

LAS REGLAS DEL CONTAGIO
CÓMO SURGEN, SE PROPAGAN Y DESAPARECEN LAS EPIDEMIAS
Adam Kucharski
Capitán Swing, 2020
352 págs.

Adam Kucharski es experto en modelos matemáticos aplicados a los brotes infecciosos. Profesor de 35 años en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, sus trabajos científicos en la última década han versado sobre gripe, ébola, zika, chikungunya y dengue. En los últimos meses, sus investigaciones se han focalizado en la infección por SARS-CoV-2, el coronavirus causante de la COVID-19.

En su versión original en inglés, Las reglas del contagio acabó de redactarse a principios de 2020, cuando comenzaba la pandemia actual. Fue un preludio de lo que estaba por llegar. La COVID-19 ha supuesto un revulsivo sin precedentes a escala mundial que ha modificado con rapidez nuestro modo de vivir. Las restricciones de movilidad, las medidas de distanciamiento social y la protección con mascarillas son, por el momento, las mejores herramientas para reducir la transmisión del nuevo coronavirus. Ahora tenemos la esperanza de que la vacuna ponga fin a la pandemia, pero el objetivo de inmunizar a toda la población constituye por sí solo un magnífico reto.

A lo largo de ocho capítulos, Kucharski narra de un modo ingenioso y divulgativo su experiencia personal y la de otros investigadores en la comprensión de la dinámica de varios brotes infecciosos en diferentes partes del mundo. La obra comienza describiendo las investigaciones sobre la malaria que el británico Ronald Ross realizó mientras hacía el servicio militar en la India hacia 1900. Fue él quien reveló el papel transmisor del mosquito y puso en marcha las primeras estrategias para combatir la enfermedad.

Aunque los brotes epidémicos crecen exponencialmente al principio, en algún momento se frenan debido a que el porcentaje de la población que es vulnerable a la enfermedad disminuye con el tiempo. La curva de expansión es sigmoidea y da cuenta de la «inmunidad de rebaño»; esto es, la protección que supone que una proporción de los individuos ya se haya infectado e inmunizado. De un modo divulgativo, Kucharski deja claro cómo, cuanto más contagiosa sea la enfermedad, mayor será la proporción de población inmunizada que hará falta para alcanzar la inmunidad de rebaño [véase «Cómo modelizar una pandemia», por Bartolo Luque, Fernando Ballesteros y Octavio Miramontes; Investigación y Ciencia, mayo de 2020]. Para la COVID-19, ese porcentaje de población inmunizada se estima entre el 50 y el 70 por ciento.

Kucharski se refiere a la «regla 80-20» para los contagios causados por superpropagadores. En muchos brotes epidémicos (también es el caso de la COVID-19), un 80por ciento de los contagios tiene su origen en un 20 por ciento de los infectados. A modo de anécdota, narra la historia del supuesto «paciente cero» del sida, un auxiliar de vuelo al que, de forma errónea, se le atribuyó durante muchos años la introducción y diseminación del VIH en Estados Unidos. Hubo que esperar a los estudios filogenéticos para demostrar que el virus que infectaba a Gaëtan Dugas, que era el nombre del seropositivo, no fue el antecesor de las variantes del VIH que se extendieron por Norteamérica a finales de los setenta.

Kucharski describe también la propagación de diferentes comportamientos humanos mediante las redes sociales. Es el caso de la «obesidad por imitación» a partir del grupo más próximo en el que nos movemos. La modelización de estos comportamientos sociales mediante las reglas de la epidemiología resulta ser muy útil. De esta manera, el «contagio social» se convierte en una nueva área de conocimiento multidisciplinar que integra psicología y salud pública.

Refiriéndose a la persuasión en el contagio social, Kucharski narra uno de los episodios más vergonzosos de falsificación de pruebas que llevó a una revista científica de prestigio a retirar un artículo. En 2014, la revista Science publicó un trabajo firmado por Michael LaCour y Donald Green en el que concluían que una pequeña acción podía ejercer una influencia masiva: la prueba definitiva de la existencia de contagio social. LaCour, estudiante de la Universidad de California en Los Ángeles, evaluó la efectividad de entrevistas sobre un tema controvertido para, a continuación, pasar una encuesta y comprobar si se habían producido cambios de opinión. Contra todo pronóstico, así fue. LaCour afirmó que muchos sujetos cambiaron su opinión tras la entrevista. El tema en cuestión era el matrimonio homosexual, por lo que el artículo atrajo una amplia cobertura en los medios. «Sin duda, el artículo más importante del año», señaló un investigador. Más tarde, sin embargo, se dio a conocer que los resultados se habían inventado y que las entrevistas no se habían llevado a cabo. En 2015, la revista Science retiró el artículo.

Las reglas del contagio narra diferentes historias sobre la violencia y las relaciona con los mapas de brotes infecciosos. Kucharski afirma que también la violencia es, de algún modo, contagiosa. Es el caso de los homicidios en algunas zonas de EE.UU. o en Ruanda y su similitud con los brotes de cólera en Bangladés o Somalia. Con respecto a estos últimos, Kucharski se remonta al brote de cólera que asoló el Soho de Londres entre 1848 y 1854. Por entonces, la teoría de los miasmas postulaba que el cólera se propagaba a través de los malos olores del aire. Fue un anestesista, John Snow, quien descubrió que el cólera se transmitía a través del agua contaminada de una fuente. Al cerrar el surtidor se suprimió el brote, y eso que por entonces no se conocía la bacteria que produce la enfermedad, Vibrio cholerae. Los métodos de rastreo de casos e intervención sobre contactos han permitido que Cure Violence («Curemos la Violencia»), un programa del Gobierno estadounidense basado en métodos epidemiológicos, haya logrado reducir los tiroteos en las zonas más violentas de Chicago y Baltimore. Este programa se aplica ahora con éxito en otras muchas partes del mundo.

En la promoción de la salud pública, una de las pioneras fue la enfermera Florence Nightingale, cuyas medidas de higiene fueron muy eficaces para las tropas británicas que combatían en la guerra de Crimea. Durante 1854, por cada soldado muerto por herida de combate, otros ocho fallecían por enfermedades como cólera, fiebre tifoidea, tifus y disentería. Lo que fueron los mapas de Snow para frenar el cólera en Londres lo fueron las gráficas estadísticas de Nightingale para reducir la mortalidad por falta de higiene.

Kucharski investigó el brote de ébola que entre 2013 y 2016 causó casi 30.000 muertos en Liberia, Sierra Leona y Guinea. La predicción de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU. fue de 1,4 millones de casos en los cinco meses siguientes si no se actuaba pronto. La noticia tuvo un gran impacto mediático y favoreció la movilización internacional, si bien fue exagerada. Para cuando se abrieron algunos de los grandes centros médicos en África occidental, la epidemia ya se había ralentizado. En realidad, los CDC habían dibujado un escenario más que hecho una predicción. Sus modelos matemáticos no habían considerado el autofrenado de la epidemia al modificarse el comportamiento en la población vulnerable.

En los últimos capítulos, Kucharski narra diferentes momentos vividos en primera persona como investigador de las epidemias del nuevo milenio: zika, chikungunya, dengue y SARS. Su trabajo de campo y su modelización de la propagación de esas infecciones supone un toque de atención y una llamada a la cautela que habremos de mostrar frente a los nuevos agentes de infecciones emergentes y reemergentes.

Al final de la obra, el autor se refiere al empleo de macrodatos para identificar, monitorizar y predecir la propagación de epidemias. Defiende que, en un mundo globalizado, debemos aprovechar las oportunidades que brindan las nuevas tecnologías, aunque no ignora los abusos y errores que puedan generar.

En suma, el libro constituye una narración amena de una retahíla amplia y heterogénea de anécdotas e historias, algunas vividas en primera persona, en relación con las principales epidemias del último siglo. Las consideraciones que van más allá de los agentes infecciosos resultan originales y provocativas.

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