Redes inalámbricas

De aquí a diez años, prestarán servicios básicos en muchas zonas carentes de telefonía.

En las postrimerías del siglo XIX, Guglielmo Marconi conectó un emisor de chispas a una antena y envió a través del aire una salva de ondas de radio hasta un sencillo receptor. El receptor hizo sonar un timbre. Nacía una técnica que prometía la comunicación a distancia entre personas en movimiento. En los decenios finales del siglo XX varias oleadas de innovaciones han hecho de las comunicaciones inalámbricas el sector de más rápido crecimiento de la industria de comunicaciones.

Las redes inalámbricas están proliferando con rapidez. Se están haciendo digitales, poniendo a su servicio técnica de “red inteligente” para localizar e identificar a sus usuarios en movimiento y ajustar a su medida los servicios que reciben. Una red inteligente consiste en una red distribuida de señalización, que integra centrales, bases de datos y ordenadores “servidores” especializados; aunque íntimamente conectada a las redes de transporte por las que fluyen las voces y los datos de los abonados, constituye una estructura distinta. Esta, que se ha venido perfeccionando a lo largo de los últimos treinta años para mantener servicios como los de prefijo 900, la identificación del llamante y el “091”, logrará pronto que los servicios de comunicaciones a la medida sean tan portátiles como un teléfono de bolsillo.

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