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1 de Junio de 1998
Medicina

Síndrome post-polio

Largos años después de haber recuperado la fuerza muscular, quienes sobreviven a la parálisis por poliomielitis se quejan de la aparición súbita de cansancio, dolor y debilidad. La causa podría estar en la degeneración de las neuronas motoras.
En la primera mitad del siglo xx, el azote de la poliomielitis paralítica parecía imparable. Un brote fortísimo sacudió en 1916 el área de Nueva York, para ir adquiriendo proporciones epidémicas en los siguientes decenios con un aumento paralelo de su letalidad. El episodio de 1952 afectó a más de 50.000 estadounidenses, con una tasa de mortalidad del 12 por ciento. Es difícil darse cuenta hoy hasta qué punto cundió el pánico en la población. La polio se había convertido en una suerte de ángel de la muerte: las familias se encerraban en casa, las piscinas se clausuraban y se cancelaban celebraciones públicas.
Los niños, sobre todo, corrían un riesgo especial. Hasta que llegaron las vacunas que acabaron con los brotes epidémicos. Jonas E. Salk creó en 1955 la suya mediante inyección de virus muertos. Seis años después, Albert B. Sabin ideaba la vacuna oral, mediante virus vivos. A mediados de los sesenta, el número de nuevos casos de polio había descendido hasta una media de 20 anuales. Estaba ganada la batalla contra la polio. O así lo parecía.

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