Tambores líquidos

La medida de las frecuencias de vibración de una lámina de cristal líquido, que hace las veces de parche de tambor, confirma que, en ocasiones, formas diferentes generan frecuencias iguales. La forma de un tambor no es audible.
Los ruidos que llegan hasta nosotros, con efectos más o menos agradables, son producto a veces de la vibración de cuerdas, pero es mucho más frecuente que resulten de la vibración de placas metálicas de diversas formas. La variación de dichas vibraciones se traduce en cambios del sonido, que pueden convertirse en síntomas de defectos en las partes de una máquina. Bien sabido es que las grietas se diagnostican a oído y que es a oído como se sabe si un motor "está a punto".
Gracias a los trabajos del físico inglés Rayleigh, en el siglo xix, sabemos calcular el espectro de vibración de una membrana tensa sobre ciertos contornos sencillos (triángulos, círculos, cuadrados) o, lo que es igual, sabemos determinar sus frecuencias de vibración.

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