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Canguros asesinos y otros marsupiales sanguinarios

No todos los mamíferos australianos eran koalas encantadores. Los había feroces y espantosos.
La bruma del amanecer envuelve la pluviselva de Riversleigh, en el noreste de Australia, un día cualquiera de hace 15 millones de años. Aparece una familia de bandicuts, dispuestos a hundir sus hocicos, cautelosamente, en una charca somera. Sus orejas se agitan, siempre alerta a un súbito crujido o un rumor en el sotobosque. Beber es siempre una operación arriesgada. De repente, una forma oscura y musculosa surge de un arbusto cercano, y atrapa de un salto a un joven bandicut. El poderoso fantasma empala a su víctima con los dientes, largos cuchillos, y se la lleva a un escondrijo tranquilo, para descuartizarla y devorarla a placer.
Es frecuente la muerte violenta en la naturaleza. No parece, pues, que merezca la pena detenerse en el triste final del pequeño bandicut. Sin embargo, esa muerte habría sorprendido a un observador moderno. El depredador era un canguro; con mayor precisión, un canguro rata gigante de dientes robustos (Ekaltadeta ima).

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