Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Junio de 2018
Paleontología

Mares asfixiados

Determinan el factor que acabó con el 95 por ciento de la vida marina durante la extinción del Pérmico-Triásico.

© Denzorr/ISTOCKPHOTO

La mayor extinción que ha sufrido la Tierra se conoce en ocasiones como «la Gran Mortandad». Y hay buenos motivos para ello: exterminó el 70 por ciento de la vida en tierra firme y el 95 por ciento de la marina. Hace tiempo que se cita el intenso vulcanismo en la actual Siberia como el principal culpable del cataclismo ocurrido hace 252 millones de años, también conocido como extinción masiva del Pérmico-Triásico. Ahora, un nuevo estudio ha identificado algunos detalles cruciales del mecanismo que acabó con la vida, al menos con la marina: los océanos de todo el mundo se quedaron sin oxígeno.

Los científicos ya sospechaban con anterioridad que la anoxia, o falta de oxígeno, fue la responsable de destruir la vida acuática. Los datos en favor de esta hipótesis provenían de las rocas marinas que se formaron en el antiguo océano Tetis. Sin embargo, eso comprendía solo alrededor del 15 por ciento de los mares de la Tierra, lo que no basta para decir algo concluyente sobre todo el mundo marino, señala Feifei Zhang, geoquímico de la Universidad Estatal de Arizona y líder de la investigación. «Nuestros datos apuntan a una intensificación rápida y global de la anoxia marina», señala el experto.

La clave del hallazgo, publicado en abril en la revista Geology, se encuentra en un nuevo método que usa mediciones de uranio en las rocas para inferir los antiguos niveles de oxígeno en los océanos. Esta técnica ha permitido hallar indicios en rocas de Japón que se formaron hacia la época de la extinción en el seno del océano Panthalassa, que por entonces abarcaba casi todo el planeta y contenía la mayor parte de su agua salada. «Lo más emocionante es la huella global que están viendo», dice Gregory Brennecka, geoquímico de la alemana Universidad de Münster que no participó en el estudio.

Estos descubrimientos podrían tener especial relevancia en nuestros días, ya que es probable que el desencadenante de aquella anoxia fuera el cambio climático causado por el CO2 expulsado por los volcanes de Siberia. Y hoy, a medida que la actividad humana calienta el planeta, los océanos contienen menos oxígeno del que albergaban hace decenios. Brennecka no es partidario de conjeturar sobre el futuro, pero añade: «Creo que está bastante claro que, cuando se producen cambios a gran escala en los océanos, la vida se resiente».

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.