La Internet de las cosas

Los principios que dieron vida a Internet nos están llevando a una red de nuevo tipo, que interconecta dispositivos de uso diario: la "Internet-0".
En Barcelona, hace cosa de un siglo, Antoni Gaudí concibió un estilo arquitectónico fluido, que integraba sin fricciones aspecto y estructura. Las curvas de sus edificios, llenas de expresividad, no dibujaban meras fachadas ornamentales, sino que respondían también a elementos de la estructura de sostén. Desdichadamente, para la infraestructura electrónica de los edificios no ha llegado todavía una unificación similar. Interruptores, enchufes y termostatos se injertan en la arquitectura como si fuesen ocurrencias de última hora; determina sus funciones un cableado oculto tras las paredes; aparatos y ordenadores parecen intrusos. Ninguno de estos artefactos se comunica con los demás; ni siquiera coinciden en qué hora es.
Sorprende la amplitud de las consecuencias de estas rémoras en la economía de la construcción, la eficiencia energética, la presencia arquitectónica y, en definitiva, la calidad de vida. La construcción mueve en Estados Unidos alrededor de un billón de dólares al año. De ellos, miles de millones se gastan en trazar cableados y en su posterior instalación, mantenimiento y modificación. Con los años, un sinfín de proyectos de "hogares inteligentes" se ha centrado en hallar nuevas aplicaciones de la infraestructura inteligente de los edificios, desdeñando la enorme demanda que existe de equipos que programen los moradores sin que los constructores hayan de fijar de antemano su función.

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