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1 de Junio de 2017
Reseña

La física y el futuro de la humanidad

Una historia de autor, erudita, amena y vertiginosa.

PHYSICS: A SHORT HISTORY
FROM QUINTESSENCE TO QUARKS
John L. Heilbron
Oxford University Press, 2016

John Heilbron es uno de los historiadores de la ciencia más reconocidos del último medio siglo. Su extensa obra recorre las ciencias físicas y matemáticas desde la Antigüedad hasta la Guerra Fría. Discípulo de Thomas S. Kuhn, ejerció durante tres décadas la docencia en la Universidad de California en Berkeley. Si alguien pensaba que tras retirarse a la campiña inglesa su producción iba a disminuir, se equivocaba. Heilbron ha publicado desde entonces varias obras sustanciales, como el Oxford companion to the history of modern science (2003) o sendas biografías de Ernest Rutherford (2002) y Galileo Galilei (2010), editadas todas ellas, como el libro que nos ocupa, por Oxford University Press.
 
El título y la factura de este volumen modesto, escrito para una colección de historias breves, no previene al lector del caudal de ideas que le espera. A través de un lenguaje exuberante y preciso, ajeno al «remedo del inglés que hoy constituye el lenguaje internacional de la ciencia», Heilbron revela con ácido sentido del humor e implacable ironía la historia de una disciplina y sus maneras de contarla. «Breve» no es aquí sinónimo de simple o superficial. Heilbron escribe lo que le gustaría leer y no se disculpa por ello.
 
Las primeras páginas dejan claro que el significado de la física ha cambiado radicalmente a través de la historia, y que comprender tales cambios exige prestar atención a las personas que los protagonizaron y a los lugares en los que trabajaron. El argumento se desarrolla en seis capítulos ordenados cronológicamente. El primero, «Invención en la Antigüedad», explica el significado original del término física, que poco tiene que ver con el actual y sí, en cambio, con el estudio de la naturaleza de las cosas. La física habría nacido del impulso por comprender el mundo de manera racional al margen de cualquier divinidad. Heilbron no descuida el significado de la física en el mundo romano, y son brillantes las páginas dedicadas a las consideraciones morales de Lucrecio o Séneca a propósito de la disciplina.
 
El segundo capítulo, «Selección en el islam», analiza la apropiación y desarrollo de la ciencia antigua en el mundo árabe medieval, que ofrecía poderosos estímulos al estudio y a la investigación. Junto a instituciones como la biblioteca o el observatorio astronómico, Heilbron destaca la importancia del papel como causa material del progreso científico en el islam y de los antecedentes árabes de la revolución copernicana, si bien reconoce que no se ha podido determinar una vía de transmisión convincente.
 
Resulta interesante la decisión de tratar el período de la llamada revolución científica en dos capítulos: «Domesticación en Europa» y «Una segunda creación». El primero de ellos trata de la aparición de las universidades en Europa, la recuperación del legado clásico y los avances metodológicos y filosóficos, e incluye síntesis magistrales de la obra de Copérnico y Galileo. El segundo discute de forma simétrica las aportaciones de Descartes y Newton, enlazándolas con la «invención de la física» en la Ilustración. El libro se aparta de la cronología convencional, que sitúa la obra de Newton como la culminación de la revolución científica y corolario del trabajo de Copérnico y Galileo, para priorizar en cambio las conexiones con la nueva física experimental ilustrada y, paradójicamente, con la gravedad aristototélica, sin fundamento mecanicista: «En su regresión a estos elementos de la física del Antiguo Régimen, en su sistema de leyes y sus esfuerzos por imponerlas, y en su presidencia imperial de la Real Sociedad británica, Newton fue el Napoleón de la revolución científica».
 
El quinto capítulo, «La física clásica y su cura», describe la creación de la física clásica en paralelo a la profesionalización de la disciplina, hacia 1900. Un sexto capítulo, titulado «Del Viejo al Nuevo Mundo», traza el auge de la física en el siglo XX y su «americanización» desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, con el surgimiento de la big science y la relegación de los aspectos filosóficos de la disciplina. Pese a ostentar la hegemonía mundial, los Estados Unidos han experimentado desde la última década del siglo cierto declive, reflejado en la cancelación en 1993 del Supercolisionador Superconductor.
 
El libro empieza y acaba en un tono espiritual. El último capítulo, «La quintaesencia», no solo remite de nuevo a los orígenes de la física en la Antigüedad, sino también a su valor para el género humano. Ante un universo «tan inspirador como terrorífico», cabe preguntarse de nuevo qué hacemos aquí. La respuesta «adulta obvia», según el premio nóbel de física Steven Weinberg, es que el universo «no tiene propósito ni significado».
 
Para Heilbron, saber que el mundo no fue creado para nosotros supone un pensamiento liberador. Pese a todo, la física ha puesto en manos de la humanidad su propio futuro: «Si la humanidad acepta tal responsabilidad y la pérdida concomitante de deidades providenciales y mandatos sagrados, la especie humana podría vencer los obstáculos que se oponen a la supervivencia de una civilización electromagnética, preservar la Tierra y, al cabo del tiempo, alcanzar varias teorías del todo satisfactorias».

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