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Necesitamos una ciencia de la noche

Conocer las ciudades en la oscuridad contribuirá al desarrollo sostenible mundial.

GETTY IMAGES/NASTCO/ISTOCK

Mi interés por lo que ocurre en las ciudades durante la noche surgió hace dos lustros, al participar en un proyecto sobre la economía de los desechos que me llevó a montar en camiones de la basura de Londres, Singapur y Sídney entre las once y las cinco de la madrugada. Aquella experiencia me reveló todo un mundo de empleadas de la limpieza de oficinas, profesionales sanitarios, descomunales vehículos de circulación restringida, trabajadoras del sexo y personas sin hogar.

Ese mundo importa: la vida noctámbula de Nueva York representa una actividad económica anual de 29.000 millones de dólares y 250.000 empleos. Más de una quinta parte de la población activa de Tokio se desempeña en turnos de noche, al igual que un tercio de todos los trabajadores de la ciudad de Londres, mientras que, en Hong Kong, una de cada tres transacciones se cierra después de ponerse el sol. Las personas que trabajan de noche están expuestas a condiciones laborales más peligrosas y estresantes que quienes trabajan de día.

Los científicos y los políticos impulsan investigaciones y medidas de gestión para mejorar las ciudades, pero tienden a ignorar las horas de oscuridad. Un mundo más equitativo y sostenible necesita una ciencia de la noche con enfoque multidisciplinar que informe a los políticos sobre los problemas que afectan a las áreas metropolitanas en horario nocturno: desde la energía hasta el clima pasando por los residuos y las desigualdades.

Algunas ciudades ya se han despertado. En 2018, Nueva York estableció una Oficina de la Vida Nocturna; en 2012, Ámsterdam nombró a su «alcalde nocturno»; y Londres cuenta con un «zar de la noche» desde 2016. Pero se trata de iniciativas dispersas que deberían estar mejor coordinadas e interconectadas.

Pocos análisis indagan si las políticas acrecientan las desigualdades por la noche. Se presta atención a la hostelería y al ocio, sobre todo, aunque la mayoría de las personas que trabajan de noche lo hacen en los sectores de logística y sanidad. También debe tenerse en cuenta la creciente indigencia en las metrópolis del planeta, que afecta a 154 millones de personas (casi el 2 por ciento de la población mundial). Para ellas, la noche representa un peligro físico y psíquico.

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