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1 de Julio de 2003
Astronomía

Auroras negras

Estas regiones desprovistas de luz acompañan a las auroras boreales, de las que son una especie de negativo. Los electrones ionosféricos escapan de ellas; tras de sí dejan agujeros en la densidad electrónica de la atmósfera.
Las primeras observaciones de las auroras negras con instrumentos ópticos instalados en tierra se remontan a los años setenta. Fue por entonces cuando se acuñó la expresión misma de "aurora negra" para referirse a los arcos, rizos y manchas negros que se apreciaban, bien dentro de las auroras boreales difusas -extensas regiones del cielo polar donde se enciende un vago resplandor-, bien en la interfase entre una aurora difusa y una de esas estructuras impresionantes en que se suele pensar cuando se habla de auroras boreales: un estrecho arco o cinta que ondula en el cielo de horizonte a horizonte y se alza como un telón de luz. Ahora se tiene también por aurora negra a un estrecho filamento negro que ascienda entre dos arcos de aurora.
Durante los veinte años siguientes, pocos fueron los artículos sobre las auroras negras. Se limitaban a describir sus características y morfología tal y como se las discernía gracias a las observaciones ópticas en tierra. Se consideraba el fenómeno una rareza que no merecía mayor atención.

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