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1 de Noviembre de 2019
Ciencia de redes

¿Por qué confiamos en mentiras?

La desinformación más eficaz comienza con semillas de verdad.

LISK FENG

En síntesis

Las redes sociales han facilitado la proliferación de creencias falsas a una escala sin precedentes.

A partir de la modelización de la manera en que se difunde la información engañosa a través de las redes de personas, resulta posible descubrir cómo influyen la confianza social y el conformismo en la forma en que las comunidades alcanzan un consenso.

Añadir propagandistas a los modelos demuestra lo fácil que es manipular las creencias, incluso cuando existen abundantes pruebas científicas sobre una cuestión determinada.

A mediados del siglo XIX, una oruga del tamaño de un dedo invadió el noreste de Estados Unidos. La aparición del gusano del tomate vino acompañada de aterradores relatos sobre envenenamientos letales y comportamientos agresivos hacia las personas. En julio de 1869, los periódicos regionales publicaron alertas sobre el insecto, asegurando que le había causado «espasmos y finalmente la muerte» a una joven del estado de Nueva York. Ese otoño, el Syracuse Standard presentó un informe de un tal Dr. Fuller, que había capturado un ejemplar enorme. El médico advertía de que la oruga era «tan venenosa como una serpiente de cascabel» y afirmaba que tenía constancia de tres fallecimientos relacionados con su veneno.

Aunque el gusano del tomate es un insecto voraz que puede aniquilar una tomatera en cuestión de días, es inofensivo para el ser humano. Los entomólogos lo sabían decenios antes de que Fuller publicara su dramática historia, así que esta fue objeto de burla entre los expertos. Entonces, ¿por qué persistieron los rumores a pesar de que teníamos la verdad al alcance de la mano? Las personas aprendemos en sociedad. Desarrollamos la mayoría de nuestras creencias a partir del testimonio de gente de confianza, como nuestros profesores, padres y amigos. La transmisión social del conocimiento es un ingrediente esencial de la cultura y la ciencia. Pero, como demuestra la historia del gusano del tomate, presenta un gran punto débil: en ocasiones, las ideas que difundimos son incorrectas.

En los últimos cinco años se ha prestado mucha atención a las formas en que puede fallar la transmisión social del conocimiento. La información engañosa compartida en las redes sociales ha alimentado una epidemia de falsas creencias sobre diversos temas, desde la prevalencia del fraude electoral hasta la seguridad de las vacunas. Los mismos mecanismos básicos que propagaron el miedo al gusano del tomate ahora han intensificado —y, en algunos casos, generado— una profunda desconfianza pública hacia las instituciones sociales básicas. Una consecuencia de ello es el alza en los brotes de sarampión registrada en varios países.

«Información engañosa» puede parecer un eufemismo. Después de todo, muchas de las creencias falsas más peligrosas de hoy en día comienzan con propaganda y mentiras deliberadas que buscan expresamente hacer daño. Pero la eficacia de la propaganda y la desinformación en la era de las redes sociales responde, en parte, al hecho de que la gente las comparte profusamente entre amigos y compañeros que confían en ellos, sin la intención de mentir o estafar a nadie. Así pues, las redes sociales transforman la desinformación en información engañosa.

Muchos sociólogos y teóricos de la comunicación han intentado comprender cómo persisten las falsas creencias modelizando la difusión de las ideas como un contagio. Emplear modelos matemáticos implica simular una representación simplificada de las interacciones sociales mediante un algoritmo informático, para después analizar las simulaciones y aprender algo sobre el mundo real. En un modelo de contagio, las ideas actúan como virus que se transmiten de una mente a otra. Uno comienza con una red compuesta por nodos (que representan individuos) y enlaces (que representan conexiones sociales). Se siembra una idea en una «mente» y se observa cómo y cuándo se propaga bajo distintas premisas.

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