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  • Investigación y Ciencia
  • Marzo 2014Nº 450

Tecnología

Una red global de computación para el LHC

El descubrimiento del bosón de Higgs fue posible gracias a una innovadora infraestructura de computación distribuida. Su extensión a otras disciplinas promete revolucionar la manera de hacer ciencia.

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El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN es el instrumento científico más complejo jamás construido. Con él los físicos esperan profundizar en las leyes que rigen la naturaleza a escala microscópica, las partículas elementales y sus interacciones. Para estudiar los componentes más pequeños del universo ha sido necesario erigir un experimento descomunal: el LHC consta de un anillo subterráneo de casi treinta kilómetros de longitud en el que operan cuatro detectores de partículas, cada uno del tamaño de un edificio de varias plantas. La escala de energías que puede explorar el LHC no había sido alcanzada antes por ningún otro acelerador. Ello hizo posible que, en 2012, se descubriese la última pieza que faltaba para completar el modelo estándar de la física de partículas: el hoy mundialmente famoso bosón de Higgs.

Sin duda, esa recompensa nunca hubiera sido posible sin años de trabajo por parte de los físicos ni sin todos los avances técnicos logrados por los ingenieros. Pero el éxito del LHC se apoya en un tercer pilar que, si bien menos conocido, se ha demostrado tan esencial como los anteriores: su capacidad computacional para administrar y analizar una cantidad de datos sin precedentes en la historia de la ciencia.

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