DSL: banda ancha por teléfono

Los beneméritos cables de cobre de Alexander Graham Bell seguirán todavía prestando servicio en las comunicaciones de alta capacidad del tercer milenio.
¿Tendrá la humilde línea telefónica, técnica que transformó el mundo nacida en la era victoriana, un protagonismo destacado en la configuración del tercer milenio? ¿Puede un simple par de filamentos de cobre trenzados entre sí transmitir con plena fiabilidad los datos de Internet a una velocidad de vértigo, permitiendo que se vean imágenes de alta fidelidad en movimiento, sonido y enormes cantidades de datos en la pantalla del ordenador personal o de la televisión? La respuesta es afirmativa, como demuestra el éxito creciente de las líneas digitales por suscripción (DSL, de las iniciales en inglés).
Esos hilos de cobre, instalados en más de 600 millones de líneas telefónicas a lo largo y ancho del mundo, proporcionan servicios de voz de alta calidad, pero durante más de un siglo buena parte de sus capacidades de transmisión han permanecido en letargo. La técnica DSL aprovecha este recurso, aportando una velocidad 50 veces mayor a millones de usuarios de módem, acelerando el crecimiento del comercio electrónico y trastocando la naturaleza de las comunicaciones.

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