Divulgación de autor

Una aproximación personal al universo.

DISFRUTA DE TU UNIVERSO, NO TIENES OTRA OPCIÓN
Álvaro de Rújula
Catarata, 2020
288 págs.

Un profesor de física cuántica solía decir, al respecto de la perplejidad que algunas personas sienten ante las propiedades de esta teoría: «Así es nuestro universo. Si no les gusta, cámbiense a otro». Este es el espíritu de Disfruta de tu universo, no tienes otra opción, traducción del original inglés publicado por Oxford University Press en 2018 y que ha sido elegido para abrir la nueva colección de libros de divulgación «Física y ciencia para todos», organizada por la Real Sociedad Española de Física y la Fundación Ramón Areces y editada por Catarata.

Ya en 1665, el científico inglés Robert Hooke nos advertía de que «la ciencia de la naturaleza ha sido durante demasiado tiempo asunto del cerebro y la fantasía: ya es hora de que vuelva a la simplicidad y la solvencia de la observación de cosas materiales y obvias». Hooke dejó escrito esto en su Micrographia, donde presentaba los resultados de sus observaciones con simples microscopios artesanales, incluidas algunas de las primeras descripciones conocidas de microorganismos. Han pasado más de cuatro siglos y, aunque obviamente a los físicos teóricos se nos pague por pensar en la naturaleza, tal vez convendría que no olvidáramos el consejo de Alberto Caeiro, uno de los heterónimos del poeta portugués Fernando Pessoa: «El universo no se hizo para que pensáramos en él / (pensar es estar enfermo de los ojos) / sino para que miráramos y estuviéramos de acuerdo».

Si nos dejamos llevar por la enfermedad de los ojos y nos olvidamos de mirar, nos puede pasar lo que acertadamente critica Álvaro de Rújula en este libro: que nos dé por hablar solo de aquello que dudosamente existe o que no existe en absoluto, como universos paralelos, partículas supersimétricas, variables ocultas, máquinas del tiempo... ¡Como si no hubiera suficiente con lo que sí existe! Esto es lo que propone De Rújula: echar una mirada al contenido real de nuestro universo y a todo lo que sabemos sobre él. No solo porque, como diría Woody Allen, sea el único lugar en que se puede encontrar un buen filete, sino porque además está lleno de cosas interesantes y sorprendentes.

De este modo, mirando, el lector se encontrará en el libro con parejas de grandes agujeros negros que, cuando se funden, crean ondas gravitacionales, minúsculas oscilaciones del espaciotiempo que pueden detectarse a miles de millones de años luz de distancia con enormes y complejísimos aparatos, construidos a tal efecto en la Tierra gracias a las predicciones de la teoría de la relatividad general. La misma teoría que nos ha llevado a averiguar que el universo está lleno de materia oscura y energía oscura, cuyo origen y naturaleza todavía no comprendemos del todo. Hay también materia ordinaria, hecha de átomos, que se puede describir gracias a la física cuántica, la otra gran teoría de la física moderna. Y la combinación de la física cuántica y la relatividad nos lleva a la teoría cuántica de campos, que nos permite describir cosas aún más pequeñas: fotones, electrones, quarks, neutrinos y otras muchas partículas llamadas elementales, algunas de las cuales, como el bosón de Higgs, se han encontrado también gracias a gigantescos y complejos aparatos construidos a partir de las predicciones de la teoría. Algunas de esas partículas son las encargadas de transmitir las fuerzas fundamentales de la naturaleza, como ocurre con los fotones y la interacción electromagnética entre partículas con carga eléctrica. Otras son antipartículas, como el positrón, idéntico al electrón pero con carga positiva. Y, lo miremos por donde lo miremos, en nuestro universo hay también un fondo cósmico de microondas que lo llena todo. Tal vez el lector haya oído hablar de todas estas cosas en alguna ocasión, pero un buen catálogo le puede resultar útil.

Además de todo lo anterior, en este pequeño rincón del universo hay seres humanos, miles de millones. Y uno de ellos es Álvaro de Rújula, quien tiene, digamos, su propio universo. Y ese universo, como el fondo cósmico de microondas, permea todo el libro. La traducción del inglés es del propio De Rújula (lo cual tal vez explique hallazgos como «ubícuito» por ubicuo, «asimptótico» por asintótico o «un extra orden de magnitud más»). Entre las más de cien figuras —muchas de ellas en una separata central, lo que obliga a pasar cincuenta páginas adelante o atrás cada vez que se menciona una de ellas— encontramos numerosos dibujos, collages y memes de De Rújula con interés relativo. Los chascarrillos sobre viejos profesores, físicos experimentales, escudos de universidades, etcétera también son de De Rújula. Incluso el constante (ab)uso de paréntesis («luminosidad (lumínica)» llegamos a leer en la página 136) y las más de cien notas al pie son también suyas. La lectura resulta agitada: cuando por fin hemos regresado de nuestro viaje a las figuras, enseguida tenemos que volver a viajar, esquivando paréntesis, hacia una nota al pie, de manera que la vista no puede reposar más de cinco segundos seguidos.

De igual forma que uno no puede leer de la misma manera una novela de James Joyce que una de Agatha Christie, pero ambas pueden ser una experiencia gratificante, tal vez convenga que el lector no se acerque a este libro como si fuera un libro de divulgación al uso. Por ejemplo, es mejor no intentar encontrar una explicación al orden de los capítulos o de las argumentaciones; hay más caos que cosmos en este universo, como ocurre con los monólogos interiores. Tampoco es este el lugar más adecuado para profundizar en alguno de los múltiples temas que se plantean o para entender mejor conceptos sutiles como el espín de las partículas o la llamada paradoja de los gemelos de la teoría de la relatividad. Sin embargo, si este libro cae en las manos del lector, siempre puede pensar: «Disfruta de Álvaro de Rújula, no tienes otra opción».

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