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Intrusos interestelares

El reciente avistamiento de dos rocas espaciales procedentes de fuera del sistema solar ha desconcertado a los astrónomos.

1I/'Oumuamua, el primer objeto interestelar observado en el sistema solar, pasó cerca de la Tierra en 2017. [RON MILLER]

En síntesis

En los últimos años hemos descubierto dos objetos llegados al sistema solar desde fuera de él: 1I/'Oumuamua y 2I/Borisov, nuestros primeros visitantes interestelares conocidos.

Borisov es similar a un cometa ordinario, pero 'Oumuamua es muy alargado y parece impulsado por una fuerza no gravitatoria (pese a no mostrar emisión de gas), lo que ha llevado a los científicos a proponer diversas teorías sobre su naturaleza.

Hay razones para pensar que pronto observaremos decenas de objetos interestelares, gracias a nuevos telescopios o incluso a naves espaciales que puedan acudir a su encuentro.

A última hora de la tarde del 24 de octubre de 2017, uno de nosotros (Jewitt) recibió un correo electrónico con emocionantes noticias sobre el cielo. El astrónomo Davide Farnocchia, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, escribía acerca de un nuevo objeto espacial que presentaba una trayectoria muy extraña. Descubierto seis días antes por el astrónomo de la Universidad de Hawái Robert Weryk, el objeto, inicialmente apodado P10Ee5V, viajaba demasiado rápido para que el Sol pudiera mantenerlo en órbita. En vez de describir una elipse cerrada, los cálculos sugerían que su órbita era abierta, lo que implicaba que nunca regresaría. «Aún necesitamos más datos», admitía Farnocchia, «pero su órbita parece hiperbólica». Horas después, Jewitt escribió a Jane Luu, una colaboradora habitual con contactos en Noruega, acerca de la posibilidad de estudiar el objeto con el Telescopio Óptico Nórdico, ubicado en la isla canaria de La Palma. Muchos otros observatorios de todo el mundo se afanaban por localizarlo.

Y así dio comienzo una nueva era en la astronomía. El objeto, rebautizado primero como C/2017 U1 (donde la C significaba «cometa»), más tarde como A/2017 U1 (con A de «asteroide») y por último como 1I/‘Oumuamua, resultó ser el primer cuerpo observado en el sistema solar que se había originado fuera de él. El «1I» de su nombre indica su condición oficial de primer objeto interestelar conocido, y el apelativo ‘Oumuamua («mensajero lejano que llega primero», en hawaiano) fue propuesto por Weryk y sus colaboradores, quienes descubrieron el cuerpo con el telescopio Pan-STARRS, en la isla hawaiana de Maui.

Lo primero que llamó la atención de los observadores fue la enorme velocidad del objeto con respecto al Sol. Tras computar la atracción gravitatoria ejercida por nuestra estrella, ‘Oumuamua presentaba un exceso de velocidad de unos 26 kilómetros por segundo (94.000 kilómetros por hora). Ninguna interacción con un cuerpo del sistema solar conseguiría generar semejante impulso, y la gravedad del Sol no puede atrapar un objeto que se mueve tan deprisa: ‘Oumuamua tenía que venir del exterior.

¿Qué viaje habrá realizado este objeto? Por lo que sabemos, podría haber estado vagando por la galaxia durante cientos de millones de años. Las observaciones apuntan a que vino desde la dirección de Vega, una estrella brillante de la constelación de la Lira. No obstante, Vega habría ocupado una posición distinta cuando ‘Oumuamua estuvo allí, hace unos 300.000 años.

Aunque los astrónomos sospechaban desde hacía tiempo que había cuerpos interestelares atravesando el sistema solar, hallar uno supuso una verdadera sorpresa. Solo un año antes, un análisis exhaustivo realizado por Toni Engelhardt, por entonces en la Universidad de Hawái, y sus colaboradores concluía que las perspectivas de identificar un intruso interestelar «parecían desalentadoras»: se pensaba que eran demasiado pequeños y tenues para que pudiéramos albergar esperanzas de encontrarlos. Sin embargo, a medida que fuimos conociendo más detalles de ‘Oumuamua, la sorpresa dio paso al desconcierto. Todas sus propiedades, desde su forma y su tamaño hasta su disparidad con los cometas, contradecían nuestras expectativas. Si se trataba de un visitante típico del gran universo, nos quedaba mucho por aprender.

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