Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Enero 1987Nº 124

Ingeniería aeronáutica

Preparando el encuentro del Voyager 2 con Urano

Difíciles problemas planteados por las enormes distancias, bajos niveles de luz, envejecimiento del equipo y fallos mecánicos se resolvieron mediante control por radio desde el suelo mientras el Voyager 2 cruzaba el espacio hacia Urano.

Menear

El día 24 de enero del año pasado, el vehículo espacial Voyager 2 sobrevoló las nubes de Urano a sólo 81.000 kilómetros de altura. Desde esa insólita atalaya, el vehículo transmitió espectaculares imágenes del planeta, satélites y anillos a través de los tres mil millones de kilómetros que lo separaban de la Tierra. Además de obtener sorprendentes imágenes ópticas, el equipo científico que transportaba recogió un buen número de valiosos datos sobre el sistema uraniano, datos suficientes para mantener ocupados a los expertos planetarios durante los próximos años. Lo que posibilitó tan notable éxito fue algo más que decisión y buena suerte. El ingrediente adicional correspondió a su eficaz ingeniería en vuelo: la vigilancia, control y modificación del vehículo durante el curso de su viaje por el espacio.

La propia determinación de enviar el Voyager 2 a Urano se tomó tres años y medio después de su lanzamiento en 1977. El Voyager 2, como su gemelo el Voyager 1, se habían proyectado para explorar solamente Júpiter y Saturno. Para enero de 1981, cuando se decidió añadir Urano al itinerario del Voyager 2, los dos vehículos espaciales habían cumplido la totalidad de los objetivos de la misión combinada. El Voyager 1 había pasado junto a Júpiter y Saturno, enviando un gran volumen de información sobre los dos planetas, incluida la prueba de la existencia de volcanes activos en Io, uno de los satélites jovianos. El Voyager 2 (lanzado antes que el primero) había llegado a su punto de máxima aproximación a Júpiter y estaba en camino de su ulterior exploración del sistema saturniano.

Puede conseguir el artículo en: