Manifiesto por la protección de la biodiversidad

El ser humano, pese a depender del ambiente para su supervivencia, lo está alterando a escala mundial. Sin embargo, todavía estamos a tiempo de salvaguardar la diversidad ecológica de nuestro planeta.

GETTY IMAGES/FG Trade/ISTOCK (bosque); GETTY IMAGES/ArtistGNDphotography/ISTOCK (campo de cultivo)

En síntesis

La supervivencia de nuestra especie depende de la naturaleza y sus servicios ecosistémicos, los cuales se deterioran progresivamente como consecuencia de la degradación del ambiente.

En particular, la drástica disminución de la biodiversidad amenaza el funcionamiento
de los ecosistemas en todo el mundo, así como los servicios que nos ofrecen.

La crisis climática, la extinción de especies y las pandemias son mutuamente dependientes y, por tanto, deben abordarse de forma conjunta. Para ello se requiere un cambio social que convierta la sostenibilidad en norma.

En verano de 2020, cuando escribí mi libro Die Triple-Krise («La triple crisis»), revisé un trabajo que había realizado junto con otros colaboradores entre 2008 y 2010 sobre los riesgos de la extinción de especies. A partir de los hallazgos científicos, habíamos esbozado una serie de escenarios posibles, entre ellos uno que incluía posibles pandemias y sus consecuencias. Ahora me asombra lo mucho que se aproximan nuestras peores suposiciones a la realidad actual: habíamos previsto decenas de miles de fallecidos, hospitales desbordados, personas obligadas a aislarse y un importante colapso de las economías.

Eso es exactamente lo que el mundo presencia hoy: un virus que ha dado el salto al ser humano y que ha causado víctimas mortales, dolor y luto, así como graves problemas económicos y convulsión social en todos los continentes. Ningún Gobierno puede sostener que desconocía la existencia de tales riesgos. La COVID-19 no es en absoluto la primera enfermedad infecciosa letal que ha llegado a nosotros desde los animales. La malaria, el sida, el ébola, el MERS y el SARS, así como distintas formas de gripe, representan otros ejemplos de zoonosis. Las zonas de amortiguamiento entre la naturaleza y el ser humano desaparecen progresivamente a medida que los bosques se talan y se convierten en pastos, campos, plantaciones o terrenos edificables.

Ni siquiera en tiempos de pandemia la naturaleza logra reponerse. La tala y la quema de la región amazónica demuestran que el saqueo del planeta azul sigue su curso. En las regiones con un elevado número de especies, los virus que aparecen en una especie animal apenas causan daños, dado que los individuos hospedadores son solo ocasionales. Sin embargo, la destrucción de los hábitats conlleva un acusado aumento de la densidad de población de unas pocas especies, lo que favorece tanto la propagación como la mutación de los patógenos. En líneas generales, si nos adentramos en las zonas naturales que quedan, el contacto aumenta y, con él, el riesgo de transmisión de virus del animal al hombre.

Crisis climática, extinción de especies y pandemias
Si no logramos decirle adiós a la ganadería intensiva, nos acecharán peligros similares. Las repercusiones económicas y sociales de la pandemia del coronavirus ponen de manifiesto el precio que podemos pagar si descuidamos el principio de precaución. Hasta ahora, en lo que respecta a la destrucción del ambiente, tales repercusiones no se han tenido en consideración. La toma de conciencia de que la crisis climática, la extinción de especies y las pandemias se hallan interconectadas emerge con demasiada lentitud. Después de todo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reconoció en febrero de 2021 que, «si no tomamos medidas urgentes para proteger nuestra naturaleza, tal vez nos hallemos ante el inicio de una era de pandemias».

A pesar de las graves amenazas y nuestro persistente fracaso en controlarlas, estoy convencido de que todavía podemos encaminar los avances futuros en la dirección correcta. Pero para ello debemos empezar a encarar de una vez por todas los motivos económicos, sociales y tecnológicos de base que causan la destrucción de la naturaleza.

Entre octubre de 2021 y mayo de 2022, los casi 200 Estados firmantes del Convenio sobre la Diversidad Biológica prevén adoptar, en su 15.a reunión (Conferencia de las Partes sobre Diversidad Biológica, o COP 15 CBD), en Kunmíng, China, un marco global para la protección de la biodiversidad. En su informe de evaluación mundial, la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) documentó en mayo de 2019 el modo en que la intervención humana había mermado la biodiversidad y degradado los ecosistemas en los últimos cincuenta años. Esa primera evaluación integral de la naturaleza pone de manifiesto que el ser humano, pese a depender del ambiente, lo altera a una escala verdaderamente planetaria. Sin embargo, el informe también muestra algunas vías para salir de la crisis de la biodiversidad combinando sistemáticamente los conocimientos indígenas y locales con los últimos avances en el ámbito de las ciencias naturales y sociales. Sus principales conclusiones suponen la base del presente manifiesto.

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