Ansiedad y atención

Sentirse ansioso influye en la manera de interpretar la realidad.
Cortesía de Antonia P. Pacheco Unguetti
No es necesario padecer depresión para que un día en particular nos sintamos desesperanzados respecto al futuro y seamos incapaces de recordar eventos gratificantes. Un estado de ánimo triste es suficiente para que, como si de un filtro se tratase, solo podamos ver y recordar información negativa. La ansiedad, por el contrario, utiliza la atención para ejercer su influencia sobre nosotros: nos ofrece cuantiosos ejemplos de amenazas si sufrimos ansiedad generalizada o innumerables indicios de que la gente habla de nosotros y nos observa si padecemos ansiedad social. En definitiva, nos obliga a atender e interpretar la realidad desde un punto de vista sesgado que favorece la información negativa.
La comprensión plena de la ansiedad requiere que diferenciemos sus manifestaciones: no significa lo mismo ser ansioso como rasgo de personalidad, estar ansioso en una situación peligrosa (no olvidemos que cuando los peligros o amenazas son reales, la ansiedad cumple su función adaptativa clave para la supervivencia) o padecer ansiedad patológica. Así pues, la atención se relaciona de manera específica con cada uno de los subtipos. Para aquellos en los que la ansiedad forma parte de su personalidad, el control de la información irrelevante se convierte en todo un reto. Se trata de personas que examinan con demasiada frecuencia el ambiente; consideran amenazantes numerosos estímulos que, una vez localizados, evitan y controlan con dificultad.

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