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Silencios que comunican

Las pausas durante las conversaciones entre paciente y terapeuta pueden revelar el éxito de la terapia, además de otras informaciones.

ISTOCK / ALEKSANDAR NAKIC

Todo psicólogo conoce esos momentos de silencio en la consulta, segundos en los que el terapeuta y el paciente reflexionan o buscan las palabras adecuadas. ¿Son esas pausas superfluas o pueden enriquecer la intervención? Sarah Daniel y sus colaboradores de la Universidad de Copenhague sostienen que se debería prestar más atención a las interrupciones silenciosas, pues pueden aportar información sobre la relación entre paciente y terapeuta y ayudar a vaticinar si el tratamiento resultará exitoso.

Los investigadores analizaron la evolución terapéutica de 70 personas, en su mayoría mujeres, que recibían tratamiento por un trastorno de la conducta alimentaria (bulimia, entre otros). Una mitad de las participantes asistió a sesiones de psicoanálisis durante dos años; la otra mitad tomó parte en 20 sesiones de psicoterapia conductual.

El equipo registró y evaluó el tipo de pausas que acontecían durante las conversaciones, así como la relación entre paciente y terapeuta. Clasificaron más de 6000 momentos de silencio en tres categorías: pausas productivas (cuando el individuo reflexionaba sobre un tema importante), pausas neutras (para tratar de recordar) y pausas incómodas (momentos en los que el sujeto parecía inseguro o distraído).

Durante las sesiones de psicoanálisis, el paciente y el terapeuta guardaban silencio con una frecuencia entre cuatro y cinco veces mayor que en el caso de la terapia conductual. También se observó que, independientemente del tipo de tratamiento, acontecían más pausas incómodas cuanto peor era la relación profesional. Si los momentos de inseguridad eran menos frecuentes al final de la sesión que al inicio, la mejoría del sujeto resultaba más notable. Las pausas productivas durante la fase terapéuca intermedia se consideraron, asimismo, un indicio de éxito.

Los autores sugieren que las pausas incómodas deberían valorarse como una señal de aviso temprana, por lo que tendrían que abordarse abiertamente. Ello ayudaría a los pacientes introvertidos que guardan silencio cuando se sienten inseguros o incomprendidos. «Conversar sobre lo que piensan durante esas pausas puede resultar útil», concluye Daniel.

Fuente: Psychotherapy Research, dx.doi.org/10.1080/10503307.2016.1177673, 2016

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