Ataques personales

Una nueva teoría analiza el uso correcto e incorrecto del argumento ad hominem.
© fotolia / HOHOJIROZAME
La doctora recomienda a su paciente que adelgace, mientras ésta piensa: "Si realmente creyera en lo que dice, ella misma sería la primera en no estar tan gorda". Un aficionado al cine critica la última película de Tom Cruise porque el actor pertenece a la Iglesia de la Cienciología. El propietario de una casa ignora los consejos de su vecino sobre el cuidado del césped porque el vecino es... lo que sea: de derechas, de izquierdas, católico o ateo. Estos ejemplos muestran el uso clásico de los ataques ad hominem, que consisten en rechazar o analizar un argumento basándose en las características personales del individuo y no en las razones a favor o en contra del propio argumento.
Centrarnos en el argumentador puede hacernos olvidar lo importante. En lugar de atender a las características de un individuo, deberíamos preguntarnos si la recomendación del médico es sensata, si entretenida la película de Tom Cruise o si se encuentra en buen estado el césped del vecino. Los ataques ad hominem pueden también desacreditar a una persona, pues se trata de un tipo de reproche sumamente eficaz.

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