Las alucinaciones: ¿verdad o falsedad?

¿Cómo definir una alucinación? Las personas que experimentan esos fenómenos no siempre entienden que los mensajes o las imágenes que perciben son producidas por su propio cerebro. Cabe, pues, preguntarse sobre la naturaleza de la percepción.

© FOTOLIA / Perrush (planeta); © FOTOLIA / Alessia (paisaje)

La definición clásica de alucinación —una "percepción falsa o sin objeto"—, pese a su arraigo, no se halla exenta de problemas. De entrada dice que se trata de una percepción. En calidad de organismos cognitivos, hemos adquirido nuestra capacidad perceptiva a través de millones de años de evolución y de interacción con un entorno que nos determina. La percepción nos conecta con el mundo en tiempo real y de ahí obtiene sus propiedades intrínsecas. Desde este punto de vista, "percibir" es muy distinto de "alucinar", "imaginar" o "soñar".

Proseguir declarando que una alucinación es una percepción falsa nos remite a la cuestión de saber si podemos calificar una percepción como falsa o verdadera. John Langshaw Austin (1911-1960) defendía que eran las proposiciones, los enunciados y los juicios —pero no los estados perceptivos— los que podían ser falsos o verdaderos. Ciertamente nos equivocamos cuando tomamos una pieza de ropa sobre el sofá por un gato que duerme, pero no es nuestra propia experiencia sensorial la que se equivoca, sino el juicio que emitimos a partir de ella.

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