Acotaciones epistemológicas al problema mente-cerebro

Durante siglos era incumbencia de los filósofos investigar nuestro mundo interior. A esa tarea se han apuntado hoy los neurocientíficos, con su instrumental experimentador.
Disputan un filósofo y un neurólogo sobre cuál de sus disciplinas merece la supremacía. "La filosofía busca, en la oscuridad y con los ojos vendados, un gato negro que no está en la habitación", se burla el neurólogo. A lo que responde el pensador: "La investigación del cerebro busca, en la oscuridad y con los ojos vendados, un gato negro que no está en la habitación y... de pronto grita: ¡ya lo tengo!"
El gato negro de marras es el espíritu humano. Por más que nadie niegue en serio que exista, resulta, de hecho, difícil captarlo. Hace mucho que pasaron los tiempos en que la filosofía podía reclamar para sí sola el estudio del espíritu. En nuestros días lo buscan los neurocientíficos en las sinuosidades de nuestro cerebro, basados en la premisa de que todo estado espiritual está integrado por procesos cerebrales. Todos los pensamientos, sentimientos, convicciones y deseos se identifican con determinados estados neuronales; se "realizan" a través de éstos. Los investigadores del cerebro deberían poder, pues, explicar todos los fenómenos mentales descubriendo su realización material.

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