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1 de Noviembre de 2014
Etología

Animales con ritmo

Aparte de los humanos, contadas especies del reino animal consiguen moverse al compás de la música. Con estas criaturas excepcionales compartimos otra habilidad: la capacidad de imitar sonidos.

THINKSTOCK / MIKE WATSON

En síntesis

La mayoría de los animales no bailan. Incluso las especies que conviven con los humanos, como los perros o los gatos, carecen de sentido musical.

Algunas especies, sin embargo, siguen con su cuerpo el ritmo de la música. Entre estos pocos se encuentran los papagayos, los elefantes y los leones marinos.

Parece que la capacidad de bailar se halla vinculada con la habilidad de imitar sonidos. El cerebro procesa ambas acciones de manera parecida.

«¡Palmadas en los muslos! ¡Sacad pecho! ¡Doblad las rodillas! ¡Y la cadera! ¡Pisad tan fuerte como podáis!», exclama el danzante principal. En armonía con sus cantos, los hombres mueven manos, brazos, piernas, pies e incluso los ojos. El tradicional Haka de los maorís de Nueva Zelanda resulta un espectáculo imponente.

En todos los pueblos del mundo se conocen formas de movimiento rítmicas, la mayoría acompañadas de música. Desde tiempos remotos, música y baile forman parte del bagaje humano. Cuando escuchamos una melodía, movemos la cabeza de manera inconsciente o seguimos el ritmo con el pie. En general, los animales no responden igual a los estímulos musicales. Aunque hace miles de años que los perros y los gatos conviven con nosotros, todavía nadie los ha visto bailar. ¿Solo los humanos sabemos movernos al ritmo de la música? Si es así, ¿por qué?

La afirmación de que la musicalidad es una virtud exclusiva de Homo sapiens la puso en entredicho Snowball, un pájaro. En agosto de 2007, esta cacatúa de cresta amarilla (Cacatua galerita eleonora) llegaba a un centro de protección de aves en Schererville, Indiana, junto con un CD y una nota donde se explicaba que el disco contenía sus canciones favoritas. Tan pronto como comenzó a sonar la música, Snowball empezó a marcar el ritmo con la cabeza y a alzar las patas al compás. Era evidente que estaba bailando. Maravillados, los encargados del centro colgaron vídeos del baile del pájaro en Internet. Estalló el entusiasmo. Entre otros muchos, Snowball captó la atención del neurólogo Aniruddh Patel, quien por aquel entonces investigaba en el instituto de neurociencia de San Diego. Junto con sus colaboradores, examinó de cerca las capacidades de la cacatúa: no solo bailaba al ritmo de una canción; también cambiaba sus movimientos de forma automática si se reproducía la canción a velocidad rápida o lenta. El animal había sentado un precedente en la investigación musical.

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