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Claves psicosociales del baile

Bailar con regularidad activa el cuerpo y la mente. Incluso puede ­beneficiar a los pacientes con enfermedades neurológicas graves.

THINKSTOCK / ANDREY DEVYATOV

En síntesis

El impulso de moverse al ritmo de la música parece una capacidad innata en los humanos. Se piensa que esta habilidad desempeñó una función destacada en la evolución de las relaciones sociales.

Al bailar, se activan diversas regiones cerebrales: las áreas corticales responsables de la audición y los movimientos del cuerpo, así como los centros cerebelares y otras estructuras más profundas que contribuyen al movimiento rítmico.

El baile fomenta la socialización infantil y puede emplearse como técnica terapéutica en pacientes que padecen párkinson o sufren demencia.

Bernardo Morales se acerca sonriendo a su madre. La mujer, de 71 años, se alza con dificultad de su silla, pero su rostro se ilumina. En la sala empiezan a sonar las notas de un vals. Con los primeros compases, la pareja de baile se posiciona y da, sin esfuerzo aparente, un par de vueltas sobre el parquet.

Cuando Rita Morales baila, resulta difícil percatarse de que padece una demencia muy avanzada. Le falla la memoria a corto plazo y es incapaz de verbalizar frases coherentes. Incluso los movimientos básicos los ejecuta cada vez con mayor dificultad, así como los hábitos de higiene personal, para los cuales necesita ayuda. Como la mayoría de los pacientes afectados de demencia, Rita necesitará pronto de un andador para desplazarse, el cual será reemplazado más tarde por una silla de ruedas. Pero nada de lo descrito perturba el entusiasmo de madre e hijo mientras danzan.

El baile ofrece más posibilidades que un modo de entretenimiento para el tiempo libre. Estudios científicos de los últimos años avalan que este bien de interés cultural promueve el bienestar, la calidad de vida y la salud. En 2003, el epidemiólogo Joe Verghese, de la Escuela de Medicina Albert Einstein en Nueva York, y sus colaboradores constataron que el esfuerzo físico y mental que requiere el baile reduce el riesgo de padecer demencia y atenúa sus efectos. Al parecer, bailar protege el cerebro a largo plazo.

Tal y como mostraron en 2012 Wie Ryan Duncan y Gammon Earhart, de la Universidad de Washington en Saint Louis, los pacientes que padecen la enfermedad de Parkinson se benefician del tango, ya que mejora su movilidad y su calidad de vida. Al tratarse de una actividad que no conlleva efectos secundarios, se considera que el baile presenta un gran potencial terapéutico.

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