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La mente de Goering

Los encuentros en prisión de Hermann Goering, criminal de guerra nazi, y el psiquiatra que llevaba su caso, Douglas M. Kelley, abren interrogantes sobre la responsabilidad, la lealtad y la naturaleza del mal.

AKG Berlin (Goering); Doug Kelley (Kelley)

A comienzos del verano de 1945 aterrizó en Mondorf-les-Bains, villa luxemburguesa donde se había creado un centro de reclusión para sospechosos de crímenes de guerra, un preso de 52 años. Este hombre, que arrastraba consigo 49 maletas, joyas incrustadas de pedrería, pitilleras de oro, relojes preciosos y casi todas las reservas mundiales de paracodeína (un narcótico), se había entregado a oficiales aliados algunas semanas antes. Tras detentar durante una docena de años un poder casi ilimitado que le permitía exigir cuanto quisiese, ocupaba ahora una pequeña celda sin más mobiliario que un inodoro, un catre, una silla y una mesa. El sangriento hundimiento del Tercer Reich, a cuyo Gobierno todavía representaba por ser —aunque cautivo— su jerarca vivo de máximo rango, le había trocado en líder sin seguidores, en comandante sin combatientes, en preso acusado del asesinato de millones de personas y de la comisión de otros crímenes contra la humanidad. El preso reconocía el derecho de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial para castigar a los dirigentes nazis; empero se proponía defender con vigor sus actos cuando fuese juzgado como criminal de guerra.

Tal era la situación de Hermann Goe­ring, antiguo lugarteniente de Adolf Hitler, presidente del Reichstag, comandante en jefe de la Luftwaffe, miembro del Consejo Secreto del Gabinete y mariscal del Reich (amén de otra ristra de títulos oficiales), cuando Douglas M. Kelley, psiquiatra estadounidense de 32 años, entró en su celda para la primera de las que iban a ser numerosas entrevistas. Kelley se contaba entre las escasísimas personas (médicos, abogados y guardianes) a las que se permitió el contacto con Goering. A lo largo de los seis meses siguientes, el preso y el psiquiatra fueron desmenuzando el resultado de la guerra y la suerte de la familia de Goering. Y preparando el legado del mariscal del Reich.

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