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1 de Marzo de 2014
Psiquiatría

Psicoterapia para la esquizofrenia

Durante años se ha pensado que el tratamiento de los delirios y las alucinaciones era terreno exclusivo de los neurolépticos. Los estudios demuestran, sin embargo, que la terapia cognitiva conductual contribuye a paliar los síntomas psicóticos.

Muchas personas con pensamientos paranoides creen que las observan y persiguen. [NEUFFER-DESIGN]

En síntesis

Para el tratamiento de las psicosis esquizofrénicas se aconseja, además de los neurolépticos, una terapia cognitiva conductual complementaria.

A través de la psicoterapia, los pacientes aprenden a cuestionar su interpretación de la realidad y a tener en cuenta explicaciones alternativas.

La terapia cognitiva conductual ayuda a los pacientes a contrarrestar la fuerza de las voces ofensivas o imperativas que oyen; aprenden a quitarle importancia a sus alucinaciones.

Dos años antes de que debutara la enfermedad, se presentaron los primeros signos de esquizofrenia en Martín. Acababa de iniciar su período de prácticas como docente en un instituto. Debía preparar la lección, enfrentarse a una clase de adolescentes y calificar los trabajos del alumnado. Todo ello le sumía, cada vez más, bajo presión. Desde niño se sentía inseguro en sus relaciones con los demás. Ahora le preocupaba la imagen que transmitía a sus compañeros de trabajo. Esas risas ¿eran porque se mofaban de él o porque le consideraban un inútil?

Al principio conseguía apartar tales pensamientos de su mente. Con el tiempo, la batalla mental resultó cada vez más ardua. Se sentía aludido en los fragmentos de conversación que oía por casualidad al pasar junto a otros transeúntes; interpretaba en sus miradas que lo conocían. Incluso pensaba que algunos ejercían de detectives y que le seguían por encargo del Ministerio de Educación. Decidió explicar estas experiencias a sus amigos. Ellos se prestaron a acompañarle a una clínica, donde se le diagnosticó esquizofrenia paranoide.

Como en el caso de Martín, esta enfermedad suele presentarse de forma paulatina. De promedio, los afectados experimentan una transformación vivencial progresiva cinco años antes del primer episodio psicótico. Los síntomas previos (pródromos), aunque inespecíficos (aumento de preocupaciones y miedos, alteraciones en el pensamiento, la percepción y la capacidad de concentración, y aislamiento social, entre otros) sirven a médicos y psicólogos como señal de alerta para prevenir la enfermedad en los grupos de riesgo.

Cuando los delirios típicos de la esquizofrenia se hallan instaurados por completo en el individuo, este suele prescindir de la ayuda terapéutica. En la fase aguda, la mayoría de los afectados no reconocen que se encuentran enfermos. Por el contrario, creen que el entorno se ha vuelto hostil y contra ellos, convicción de la que resulta complicado apartarles.

Al principio, Martín tampoco comprendía que los médicos quisieran ayudarle; se sentía amenazado por ellos. Los antipsicóticos lograron disminuir en pocas semanas los delirios.

En las psicosis esquizofrénicas, los antipsicóticos constituyen el tratamiento de referencia. Estos fármacos se revelan esenciales en la fase aguda de la enfermedad, así como en la prevención de las recaídas. Sin embargo, según informa la Asociación Americana de Psiquiatría, su efecto resulta nulo en entre un 10 y un 30 por ciento de los pacientes; además, una parte de los síntomas persisten o reaparecen en otro 30 por ciento. Es en estos últimos casos donde las medidas terapéuticas adicionales se presentan como un método provechoso.

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