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1 de Marzo de 2014
Neurociencia

Sexo y violencia en el cerebro

La combinación de técnicas ópticas y genéticas aplicada en roedores apunta a que existe un interruptor cerebral para la agresividad.

THINKSTOCK

Instrumentos genéticos de reciente desarrollo, a un tiempo potentes, refinados y delicados, han permitido sondear por medios invasivos el sistema nervioso de animales, superando con mucho las técnicas habituales (menos peligrosas, pero más burdas) que psicólogos y neurocientíficos utilizan para observar el cerebro humano. Tras una serie de sobresalientes experimentos se ha localizado en el ratón un interruptor de la agresión, proporcionándonos así una visión novedosa de los entresijos de la consciencia humana.

Cabe objetar que no es lo mismo una persona que un ratón, y que el estudio de la mente del múrido no es el de la mente humana. Es obvio. Aun así, Mus musculus y Homo sapiens son hijos de la Madre Naturaleza, y grandes porciones del procesamiento perceptivo, conceptual y afectivo son similares en uno y otro. Un mismo proceso de selección evolutiva ha dado forma a ambas especies, cuyo último ancestro común se remonta a más de 75 millones de años. La estructura de sus respectivos cerebros y genomas refleja esta semejanza.

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