Psicólogos­ en un ­conflicto ­armado

La organización internacional Médicos Sin Fronteras ayuda, a través de la participación de psicólogos, a que las personas de zonas bélicas asimilen las consecuencias de la guerra y la violencia. El trasfondo sociocultural de los afectados desempeña un importante papel en el trabajo de estos profesionales.

Un colaborador de Médicos Sin Fronteras (derecha) mantiene una conversación terapéutica con un paciente. (Para proteger los proyectos de la organización humanitaria, el reportaje omite los nombres de los países donde se llevan a cabo las operaciones.) [CARL DE KEYZER; CORTESÍA DE STEFAN HILSCHER]

En síntesis

Más de 30.000 personas trabajan para la red internacional de Médicos Sin Fronteras. Entre estos profesionales se cuentan psicólogos.

Los psicólogos de la organización reclutan a nativos del lugar en crisis para formarlos como consultores de salud mental. También los acompañan en la escucha y el asesoramiento de casos que requieren una intervención psicoterapéutica sencilla.

Muchas víctimas logran superar la situación traumática por sí mismas. La fe y la preocupación diaria por la supervivencia contribuyen a esa capacidad de resistencia mental.

Me desperté en mitad de la noche. Oí ruidos extraños en casa. Voces que susurraban, pasos, un llanto silencioso. Permanecí unos instantes inmóvil en mi cama intentando entender qué pasaba. El corazón me latía con fuerza; gotas de sudor recorrían mi frente. Me levanté sin hacer ruido, avancé en dirección a la puerta medio abierta para asomarme y ver qué sucedía en el pasillo. La escena me dejó helado.

Tres hombres encapuchados y armados con Kalaschnikows rodeaban a mi compañera de trabajo. Ella, de rodillas en el suelo y con las manos temblorosas intentaba abrir la caja fuerte. Paralizado por el pánico, me mantuve quieto en la oscuridad. Un intento heroico de rescate habría acabado, lo más probable, en un final dramático. Las armas imponen; solo se conoce esa sensación cuando se está delante de ellas.

Tras unos minutos, los hombres desaparecieron. Recuperamos el control de la vivienda. Uno de los guardias se llevó la peor parte de la situación. Le propinaron un fuerte golpe con la culata del fusil al negarse a huir corriendo. Quedó tendido en el suelo. Después de que le curaran las heridas, me acerqué a él para examinar si sufría secuelas psíquicas. Me explicó que se encontraba bien y que un atraco así lo podía superar con facilidad. Pero, de repente, se incorporó de un salto y con gestos violentos y sonidos fuertes me explicó que había presenciado la ejecución de los ocho miembros de su familia dos años antes. Lo vio todo desde corta distancia. Gracias a la ayuda de Alá había superado esa vivencia y podía llevar de nuevo una buena vida. Con ánimo relajado tomamos una taza de té juntos.

Durante los ocho años que he colaborado como psicólogo en la organización sin ánimo de lucro Médicos sin Fronteras (MSF) he participado en seis proyectos de ayuda humanitaria repartidos por diversos lugares del mundo: África, Asia y los países árabes. Para los habitantes de estas zonas, las situaciones de violencia y pobreza o la necesidad de huir de su país no resultan insólitas. Si no han vivido estos sufrimientos en la propia piel, tienen al menos un familiar, un amigo o un camarada que las ha padecido o que incluso ha muerto. Sorprendentemente, parece que muchos logran asimilar estas experiencias sin ayuda profesional y sin desarrollar un trastorno psíquico.

Contenidos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.