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FOMO o el miedo a perderse algo

Las redes sociales ofrecen la ventaja de mantenernos al corriente de lo que hacen nuestros congéneres. Pero ello puede provocar un problema: el temor de estar perdiéndose alguna vivencia imprescindible o de no gozar de una vida tan magnífica como los demás

ISTOCK/TASSII

En síntesis

El síndrome FOMO (acrónimo en inglés de «miedo a perderse algo») corresponde a la angustia que algunos usuarios de las redes sociales presentan por temor a no enterarse de informaciones o eventos, al parecer, trascendentales. Este tipo de miedo a la exclusión social, que siempre ha existido, puede causar frustración.

Este tipo ansiedad social atañe más a los jóvenes que a los ­adultos. Seguramente, porque los primeros dan más valor a las redes sociales. Por otra parte, es más frecuente en los chicos que en las chicas, sobre todo, en aquellos que se ­sienten insatisfechos con su vida.

El temor o la ansiedad social relacionada con el síndrome FOMO se fundamenta en un efecto paradójico de las redes sociales. Este provoca que el usuario tenga la impresión de que es menos popular y activo que sus amigos virtuales. Ello puede provocar frustración.

Estar al día de todo. No perderse nada. Las redes sociales abastecen a los usuarios de una infinidad de información actualizada, una prestación muy ventajosa. Pero solo a primera vista, puesto que también presenta un lado oscuro: las redes sociales pueden provocar el llamado síndrome FOMO, acrónimo de la expresión inglesa fear of missing out, es decir, «miedo a perderse algo».

Aunque el síndrome FOMO se antoja relativamente nuevo, en sí mismo es antiguo, quizá tanto o más que el refrán: «No se puede estar en misa y repicando». Por lo general, las personas tenemos que decidirnos por una opción a cambio de renunciar a otra. Pero ¿y si la actividad que descartamos resulta más interesante o emocionante que la que hemos elegido? ¿Y si nuestros amigos presumen al día siguiente de haber asistido a «la fiesta del año» y nosotros nos la hemos perdido porque preferíamos ir a otro evento, al parecer, menos divertido?

La preocupación de que los mejores acontecimientos sucedan sin la propia presencia desasosiega, sobre todo, a los jóvenes. Alrededor de un 40 por ciento de los adolescentes experimenta esa intranquilidad con frecuencia o de vez en cuando, según afirmaron participantes de esas edades y de habla inglesa en una encuesta de la agencia de publicidad multinacional JWT. En cambio, un escaso 11 por ciento de los encuestados mayores de 50años confirmó que ello les inquietase. Los investigadores atribuyen la diferencia entre unos y otros al valor que las generaciones más jóvenes otorgan a las redes sociales. De hecho, plataformas como Facebook, Instagram y Twitter favorecen el miedo a quedarse atrás. Precisamente, la función principal de tales aplicaciones consiste en facilitar al usuario el contacto con sus compañeros y amigos, ponerse al día recíprocamente y participar en la vida de los demás. También si se encuentra a largas distancias.

Las redes sociales exhiben una abrumadora cantidad de fotografías, mensajes y avisos. Prestaciones técnicas como el «deslizamiento infinito» permiten que siempre emerjan nuevos contenidos. Ello convierte a la abundancia de información en un arma de doble filo. El tiempo de vida es limitado, por lo que, inevitablemente, siempre nos perderemos acontecimientos formidables. Ello puede causar la impresión de que, comparada con la de los demás, la propia vida es sosa y triste.

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