Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Noviembre de 2018
Neurología

Qué ocurre en nuestro encéfalo cuando morimos

La muerte de una persona no sucede en un instante. Tras la parada cardíaca, los órganos van dejando de funcionar poco a poco. En primer lugar, el cerebro experimenta la falta de oxígeno y, seguidamente, una enorme onda de descarga neuronal desencadena la muerte encefálica.

MARTIN MÜLLER

Por lo general, unos segundos después del paro cardíaco, el paciente pierde la consciencia. Ello suele venir acompañado de la pérdida de la memoria a corto plazo. Si una persona ha estado inconsciente, por lo común no recuerda lo que le ha sucedido.

Las células de la zona CA1 del hipocampo se encuentran entre las neuronas más sensibles del encéfalo. Cuando carecen de oxígeno, mueren muy rápidamente. La falta de suministro de oxígeno también afecta de manera importante a las neuronas del cuerpo estriado, una parte de los núcleos basales, así como a las células de Purkinje del cerebelo. Por esa razón, los pacientes a los que se reanima después de cuatro o cinco minutos suelen presentar problemas de coordinación motora.

Las células piramidales de la corteza cerebral mueren rápido por la carencia de oxígeno. Según el lugar donde hayan resultado dañadas, las consecuencias varían. La percepción sensorial, las funciones cognitivas, el pensamiento lógico o el lenguaje pueden quedar limitados tras la reanimación.

Mucho después queda afectado el tronco del encéfalo. De forma gradual pierde la facultad de controlar funciones vitales, como la respiración y la deglución. En ese momento, el paciente solo puede continuar con vida mediante la ­respiración y la alimentación artificiales.

Los primeros daños irreversibles suceden tras unos cuatro minutos. En ese momento, quedan afectadas las funciones encefálicas siguientes: memoria, movimiento, sentidos, pensamiento, lenguaje, funciones vitales. 

Con la muerte progresiva de las neuronas y, finalmente, la muerte encefálica, el paciente pierde la personalidad de forma irrecuperable. Si se le reanima a tiempo, el proceso puede detenerse.

La muerte encefálica comienza unos diez minutos tras la parada cardíaca. Mientras, mueren tantas neuronas que el encéfalo va dejando de funcionar. Una persona con muerte encefálica presenta los signos siguientes:

• Pérdida de consciencia o coma
• Ausencia de reflejos cefálicos (pupilas dilatadas)
• Ausencia de respiración espontánea

Mediante una nueva exploración física transcurridas de 12 a 72 horas (según la edad de la persona), el médico debe certificar que el cese de la actividad encefálica es irreversible.

[El artículo completo (PDF) incluye una infografía de 2 páginas que ilustra la transformación que sufre nuestro organismo a lo largo de los 10 minutos que separan el paro cardíaco de la muerte encefálica.]

 

 

 

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

También te puede interesar

Revistas relacionadas

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.