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Actualidad científica

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  • Noviembre/Diciembre 2018Nº 93

Historia de la medicina

«Queremos ­devolver su nombre a las víctimas»

El catedrático de historia Heiner Fangerau, del Hospital Clínico de Düsseldorf, dirige una investigación que desvela la participación de los neurólogos en los crímenes del nacionalsocialismo.

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En su investigación estudia el papel que desempeñaron los neurólogos durante el período nacionalsocialista. ¿Por qué aparece esta cuestión ahora, más de setenta años después?

Tras la Segunda Guerra Mundial se vivieron distintas fases en las relaciones con el nacionalsocialismo. Justo después de 1945, los aliados llevaron a cabo la desnazificación. Luego, la sociedad trató de sepultar su oscuro pasado. Pero la generación inmediatamente posterior dejó de hacer la vista gorda: durante el movimiento de 1968, los jóvenes se mostraron indignados ante lo poco que se había tratado el Tercer Reich. En las sociedades médicas, el conflicto con el pasado se prolongó todavía por más tiempo. La investigación de los crímenes no empezó hasta los años ochenta. El hecho de que el estudio histórico de la neurología no se haya recopilado de forma sistemática hasta los últimos años también tiene que ver con la fusión forzosa de neurólogos y psiquiatras en 1935. Poco antes, la neurología había empezado a emanciparse de la psiquiatría. La idea subyacente era ceder los fenómenos psíquicos difíciles de abarcar a los psiquiatras y concentrarse en los trastornos anatómicos. Los nacionalsocialistas frustraron esa aspiración. Esperaban que una gestión conjunta de ambas especialidades a través de la llamada Sociedad de Neurólogos y Psiquiatras Alemanes[Gesellschaft Deutscher Neurologen und Psychiater], que estaba dominada por los psiquiatras y en la que imperaba una ideología de eugenesia, permitiría controlar mejor las sociedades médicas. Un psiquiatra, Ernst Rüdin, se hizo cargo de la presidencia. Todo eso llevó a que la neurología se viera como una disciplina de poco peso durante un tiempo. Sin embargo, nuestro trabajo muestra una imagen diferente.

¿Cuáles son los resultados más importantes de su investigación?

La neurología estaba muy implicada en los crímenes del nacionalsocialismo. La eugenesia nazi sirvió, junto con argumentos de compasión e ideas de reducción de costes, para justificar la matanza sistemática de más de 70.000 personas con discapacidad y enfermas, a lo que los nazis llamaron de forma eufemística «eutanasia». En ese proceso no solo estaban implicados psiquiatras, sino también neurólogos. Pero diferenciar quiénes eran neurólogos y quiénes psiquiatras no siempre resulta sencillo. Los médicos examinaban a los pacientes, y al que consideraban molesto o incapaz de trabajar lo trasladaban a un centro de eutanasia, donde lo mataban. Los neurocientíficos utilizaban el cerebro de los asesinados en sanatorios y centros psiquiátricos para investigar.

¿Qué le ha impactado más?

Me parecen espantosas la naturalidad con la que muchos médicos utilizaban muestras corporales de los asesinados, así como la indiferencia con la que llevaban a cabo o autorizaban experimentos con sus pacientes. Después de la guerra, estos crímenes en nombre de la ciencia se camuflaron como hechos aislados. Detrás de estos no se encontraban personas sádicas que actuaban solas, sino que una gran parte de la neurología académica estaba integrada en el sistema nacionalsocialista. Era un toma y daca: los científicos conseguían posibilidades de investigación y subvenciones estatales para su trabajo y, en contrapartida, los nacionalsocialistas obtenían una legitimación científica para sus medidas de política racial. Los médicos debían desempeñar un importante papel en este Estado. El cuerpo médico alemán, por desgracia, estaba muy dispuesto a adherirse al régimen.

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