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Dormir para recordar

El sueño favorece la consolidación del recuerdo al permitir la reactivación de las neuronas que se requirieron en el momento de la obtención de una información.

© istockphoto / Ana Abejon

La memoria se define como la modificación del comportamiento en función de la experiencia. Se desarrolla en tres etapas. La primera consiste en la exposición a un nuevo estímulo y el aprendizaje de una nueva información. El aprendizaje deja en el cerebro una huella —la huella mnémica—, que se manifiesta por modificaciones en el funcionamiento o en la estructura del tejido cerebral. Las primeras son las sinapsis (las conexiones entre las neuronas) y las respuestas de las neuronas. En cuanto a las modificaciones en la estructura del tejido cerebral, se manifiestan por un aumento en el número de receptores, aunque también en el de sinapsis.

Un rastro mnémico puede alterarse por la adquisición ulterior de otra información (se habla entonces de interferencia) o por manipulaciones experimentales; por ejemplo, un tratamiento farmacológico, una estimulación magnética o una estimulación eléctrica del cerebro.

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