Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Trastorno antisocial de la personalidad

Los psicópatas no sienten miedo ni compasión. Derrochan, en cambio, carisma y gran talento para la manipulación. Son los delincuentes perfectos. En la mayoría de los casos, su carrera criminal comienza durante la infancia o juventud.

defd-movies

Cuando el psicópata Ted Bundy llenaba los titulares de los periódicos a mediados de los años setenta, Kent Kiehl era sólo un niño. Ambos crecieron en el mismo barrio adinerado de Tacoma, una ciudad portuaria del estado de Washington. Bundy terminó allí el bachillerato en 1965, estudió psicología y se implicó en política a favor del partido republicano. En los setenta, el atractivo y carismático Ted Bundy inició su expedición sanguinaria por Estados Unidos: violó, estranguló y descuartizó a unas treinta mujeres, quizá más. En 1976 fue detenido por primera vez; logró fugarse en dos ocasiones. En 1978 le encarcelaron para siempre.

En casa de los Kiehl se habló mucho de Ted Bundy. ¿Por qué se había convertido, precisamente él, en un asesino en serie? Treinta años después, es posible que Kent Kiehl se encuentre más cerca de la respuesta que otros investigadores. La especialidad del catedrático en neurociencia de la Universidad de Nuevo México y director del Mind Research Network de Alburquerque son los psicópatas.

El gobernador de Nuevo México le autorizó para que aplicara técnicas de formación de imágenes a los reclusos de las doce prisiones estatales. Para desarrollar su trabajo en el lugar en el que los probandos cumplían sus respectivas condenas, Kiehl encargó instalar un tomógrafo de resonancia magnética a medida, y de 2,3 millones de dólares, en una furgoneta de 15 metros de largo. Su ahora laboratorio móvil está equipado de arriba abajo con pantallas planas que cubren las paredes del vehículo; en el centro se encuentra el tomógrafo, cuyo cilindro magnético se erige desde el suelo hasta el techo como si de una gigantesca rosquilla azul claro se tratara. Kiehl se propone escanear unos 1000 cerebros cada año.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.