El embarazo podría retrasar la aparición de los síntomas de esclerosis múltiple

Las mujeres que han estado embarazadas sufren el primer brote de la enfermedad unos tres años más tarde en comparación con las afectadas que nunca han sido madres.

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La gestación podría retrasar el primer brote de una esclerosis múltiple (EM). Una investigación sugiere que las mujeres que ya habían pasado por un embarazo, en general, desarrollaban síntomas varios años más tarde que las pacientes que nunca habían estado embarazadas.

La EM es una enfermedad autoinmunitaria en la que las propias células de defensa del organismo atacan las vainas de mielina, que envuelven los apéndices nerviosos. Las vainas de mielina aíslan las fibras nerviosas y, de esa forma, favorecen la transmisión veloz de las señales eléctricas. Si faltan, las células ya no pueden desempeñar su función correctamente.

Puesto que, por lo general, los daños aparecen en forma de brotes y pueden afectar a todo el sistema nervioso central, los síntomas son muy variados. Hasta ahora, no existe ninguna cura, aunque sí se conocen tratamientos que permiten aliviar los brotes y retrasar el avance de la enfermedad. En la mayoría de los afectados, los primeros síntomas aparecen entre los 20 y los 40 años. En las mujeres, la incidencia es de tres a cuatro veces mayor que en los hombres.

Para averiguar si el embarazo influye en el comienzo de la EM, la neuróloga Ai-Lan Nguyen y su equipo del Hospital Real de Melbourne y de la Universidad de Melbourne en Victoria, analizaron los datos de más de 2500 mujeres que habían sido tratadas en cuatro centros de Australia y Chequia a causa de la enfermedad. En el momento del estudio, las pacientes tenían una edad media de 31 años y alrededor de la mitad de ellas habían estado embarazadas una vez. Los científicos obtuvieron los datos sobre la evolución de la EM y las circunstancias personales de las voluntarias de la base de datos MSBase, la cual contiene información de más de 70.000 pacientes de EM procedentes de 35 países.

Según hallaron, las mujeres que ya habían estado embarazadas sufrían su primer brote de EM, de media, más de tres años más tarde que las otras afectadas. Sin embargo, la cantidad de embarazos o de niños traídos al mundo no repercutía en el momento de aparición de la dolencia: en las que tenían dos hijos, por ejemplo, la enfermedad no aparecía todavía más tarde.

Anteriores estudios ya habían encontrado indicios de que un embarazo podía influir en la evolución de una EM: los brotes de esta enfermedad aparecían con menos frecuencia durante el mismo.

Al parecer, ambos efectos se hallan relacionados con el hecho de que algunos elementos del sistema inmunitario están menos presentes cuando una mujer espera un bebé. Ello podría frenar los ataques de la respuesta inmunitaria a las vainas de mielina, sospechan Ai-Lan Nguyen y el resto de los autores. También los tratamientos de la EM se centran a menudo en detener la respuesta inmunitaria, por ejemplo, con anticuerpos especiales que impiden a las células inmunitarias penetrar en el sistema nervioso central.

Fuente: JAMA Neurology, 10.1001/jamaneurol.2020.3324, 2020

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