Para los niños, la emoción pasa por la voz

¿Los niños descodifican las emociones a través de las expresiones faciales o de la voz? Esta última prima. Ello tiene numerosas implicaciones en la comunicación, sobre todo cuando tenemos que llevar mascarilla.

Al parecer, los niños tendrían menos dificultades que los adultos en entender las emociones de los demás a pesar del uso de mascarilla, ya que analizan mejor las emociones que se reflejan en la voz que las del rostro. [Getty Images / Trendsetter Images / iStock]

Entender las emociones que expresan nuestros congéneres resulta indispensable para adaptar el comportamiento al contexto y entorno del momento, más aún en una especie social como la nuestra. Sin embargo, en la vida cotidiana, la comunicación emocional es compleja y pasa por diferentes canales: la vista, el oído, los gestos, entre otros. Hasta la fecha, los científicos se han concentrado en las expresiones faciales o la mímica como indicativos de las emociones, no únicamente en la edad adulta, sino también durante la infancia y a medida que la persona se desarrolla.

Sobre esta cuestión sabemos que los niños pequeños manifiestan muy pronto una atracción por los rostros, a partir de los cuales descodifican las emociones con una gran destreza y no cesan de perfeccionarse en esta capacidad a lo largo de los años [véase «Expertos en rostros», por Stefanie Höhl; Mente y Cerebro, n.o 58, 2013]. De hecho, los estudios sobre el reconocimiento emocional a menudo tratan en exclusiva del canal visual, lo cual no refleja necesariamente la complejidad de la comunicación emocional en el día a día.

Acerca de los demás indicios, en especial auditivos, todavía sabemos relativamente poco. En la voz, la emoción se vehicula sobre todo mediante la entonación, las variaciones de volumen e intensidad, el ritmo o el timbre: es lo que se denomina «prosodia». Cuando un padre o una madre interacciona con su bebé, la prosodia emocional constituye una forma de comunicación fundamental que guía el comportamiento del pequeño. Numerosos estudios han revelado que los niños aprecian mucho el «habla de bebé», es decir, el habla dirigida al lactante, que toma la forma de una dicción clara pero más lenta. También en los adultos la prosodia desempeña una función relevante en el intercambio emocional, en un plano prácticamente inconsciente. Por sí sola sería portadora de sentido para comprender las emociones de los demás.

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