Historia del cerebro en metáforas

Calculadora, red, nube de datos. Según la técnica imperante en cada época, se ha utilizado una u otra metáfora para describir el cerebro y su funcionamiento. Las comparaciones figurativas allanan la comprensión de este órgano tan complejo, mas no duran para siempre.

Técnica bajo el cráneo: Ordenador, reloj, diagrama de circuitos eléctricos o Internet. El funcionamiento del cerebro puede simbolizarse de diferentes maneras. [NEUFFER-DESIGN]

En síntesis

Desde la antigüedad, filósofos y científicos tratan de describir el funcionamiento del cerebro humano con símiles figurativos.

Las metáforas en torno al cerebro son hijas de su tiempo: se inspiran en los avances técnicos de cada época y dejan su impronta en la idea sobre la mente humana.

Las comparaciones metafóricas contribuyen a la comprensión de la complejidad del cerebro. Sin embargo, en la medida en que subrayan una propiedad, sustraen otros aspectos que pueden ser igual de esenciales.

El cerebro posee una capacidad asombrosa: puede detectar paralelismos entre objetos o conceptos completamente distintos. Esa habilidad resulta esencial para extrapolar desde una situación a otra y orientarse en condiciones cambiantes. De esta manera, nuestra mente trata de comprender y clasificar un fenómeno a partir de conclusiones por analogía. Ese empeño también sucede en el terreno de la neurociencia. Hoy en día se personifica al cerebro: es un órgano que tiene intenciones, deseos y planes. Pero no siempre ha sido así.

A lo largo de la historia, las metáforas han mostrado ser medios valiosos en el intento de penetrar en el cerebro. Los sistemas creados por el hombre, pero también en ocasiones los fenómenos naturales, han servido de material de ilustración. En el antiguo Egipto surgió una de las primeras metáforas técnicas en torno al cerebro: su superficie tan plegada recordaba a las personas de aquel entonces la escoria resultante como residuo de la fundición del metal. A su semejanza, consideraban que el tejido que albergaba el cráneo era inútil. Se atribuía mayor importancia a las meninges, posiblemente a raíz de las operaciones cerebrales sencillas que se practicaban en aquella época y que revelaban que las deformaciones de las meninges persistían tras una lesión.

A medida que se desarrollaba la ciencia, aparecían nuevas metáforas que se antojaban más apropiadas. La escuela del médico y erudito griego Hipócrates (ca. 460-370 a.C.) consideraba el cuerpo humano como un sistema controlado por fluidos. En él se mezclaban la bilis negra y la amarilla, la flema y la sangre. Si la relación de estos humores corporales se desequilibraba, aparecían las enfermedades físicas y mentales [véase «Colección hipocrática», por J. M. López Piñero; Mente y cerebro n.o 14, 2005].

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