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1 de Mayo de 2016
Neurofilosofía

«El constructo del alma ya no es necesario»

La filósofa Katja Crone explica cómo y por qué ha cambiado el concepto del alma humana a lo largo de los años.

Katja Crone nació en 1970 en Lüdenscheid, Alemania. Estudió filosofía y literatura en Montpellier y Hamburgo y en 2015 accedió a una cátedra sobre el problema de la identidad humana. En 2014 fue nombrada para la cátedra de filosofía de la mente en la Universidad Técnica de Dortmund. Sus principales temas de investigación son la ­autoconciencia, la consciencia fenomenológica y la identidad personal. [MARCO URBAN]

 

¿Qué papel desempeña el alma en el pensamiento contemporáneo?

Ninguno. Este término prácticamente ha desaparecido de la filosofía actual. Aunque el concepto de alma cuenta con una larga historia, a lo largo de ese recorrido ha emergido de muy diversas maneras, hasta que hoy en día ya ha pasado de moda.

¿No existe ningún argumento para que aceptemos la esencia inmortal del ser humano?

De manera aislada, todavía pueden encontrarse posiciones emparentadas con el concepto tradicional de alma. Principalmente el sustancialismo. No obstante, en la actualidad resulta raro toparse con un enfoque que defienda la existencia de un mundo espiritual junto al corporal, de un ámbito para el ser inmaterial. De haberlo, el alma casi ni aparece, porque se trata de un concepto sobrecargado de creencias.

No obstante, en el pensamiento cotidiano el alma se halla tan presente como antes. ¿Por qué nos cuesta tanto abandonar la idea de que los humanos poseemos una parte inmortal?

Como es natural, la separación entre cuerpo y mente nos parece, en principio, plausible. Si indago los orígenes de mis distintos estados mentales, no me parece que tengan nada de corporal per se; los percibo como algo subjetivo. Sin embargo, los conocimientos de la neurociencia cognitiva y las reflexiones filosóficas nos están llevando cada vez más hacia un cambio de planteamiento.

¿En qué sentido?

Hoy sabemos con mayor precisión que el cerebro lleva a cabo funciones mentales y cómo lo hace. Ese conocimiento repercute en la manera en la que reflexionamos sobre los procesos de nuestra mente. La idea de que más allá de esos mecanismos neurofisiológicos pueda existir algo puramente espiritual e inmaterial resulta difícil de argumentar. Incluso el hecho de que las personas interactuemos no significa de ninguna manera que el alma se encuentre flotando en algún lugar entre nosotros o que sea capaz de sobrevivir a la muerte del cerebro. Tales creencias pueden resultar interesantes desde un punto de vista intuitivo, lo que no implica que no se puedan modificar.

 

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