El conocimiento de las abejas

La imagen de los insectos como una máquina refleja activada por el instinto aparece hoy muy controvertida. Las abejas obreras toman decisiones, conciben esperanzas y aprenden reglas que aplican en situaciones diversas.
¿Cree usted que una abeja puede pensar? Quizás esta pregunta suene absurda si consideramos que su cerebro no es mayor que una cabeza de alfiler. Cuanto menos se parezca el sistema nervioso de un animal al nuestro, más cuesta imaginarse su "mundo intelectual interior". Sin embargo, para averiguar si piensa y cómo lo hace, sólo cabe especular, lo que se aplica incluso a representantes de nuestra propia especie. Así, cuando observamos a una persona que extrae un producto de un congelador del supermercado, inferimos que ha optado exactamente por ese producto porque espera obtener un determinado sabor. Cuando la mujer de la mesa de enfrente saca del bolso su billetero, imaginamos que planea pedir la cuenta al camarero.
Los términos "optar", "esperar" o "planear" describen procesos intelectuales que suponemos se ocultan tras los hechos observados, al conocerlos por experiencia propia. Sabemos de muy pocas especies animales --por ejemplo, los primates-- que posean consciencia "de sí mismas". Sin embargo, la mayoría de los investigadores de la cognición no vacila en aplicar también estos conceptos al comportamiento de otros animales con "grandes" cerebros: perros, ratones o ratas. De su conducta se infieren, sin ninguna duda, procesos cerebrales que se pueden designar con estos términos. Se ignora aún si tales procesos discurren de una manera consciente.

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