Las consecuencias morales de quedarse sin empleo

Las personas desempleadas anteponen la redistribución del dinero a la recompensa económica por el esfuerzo productivo.

[ISTOCK / QUERBEET]

Desde que en 2008 se originara la primera gran crisis económica de este siglo, no han dejado de publicarse trabajos científicos que describen sus consecuencias económicas, sociales y políticas. Algunos de los estudios han relacionado la tormenta de desempleo, pobreza y desigualdad que se origina en estos casos con efectos negativos para la salud mental de las personas que sufren la situación: son frecuentes los trastornos de depresión, de ansiedad y de estrés así como el decremento del bienestar subjetivo y de la autoestima. Asimismo, se han relacionado los niveles altos de desempleo con un aumento de suicidios, asesinatos y fallecimientos por consumo de alcohol. Según hemos hallado y publicado en abril de este año en Proceedings of the National Academy of Sciences, también pueden alterarse el comportamiento económico y los valores morales de los afectados.

Repartimiento más equitativo

La investigación sobre los efectos negativos que las situaciones económicas desfavorables tienen para la conducta de los individuos es relativamente reciente. En 2014, el psicólogo Johannes Haushofer, de la Universidad Princeton, y el economista Ernst Fehr, de la Universidad de Zúrich, publicaron en Science que la pobreza modifica el comportamiento económico de las personas que la sufren. Indicaban que, desde un punto de vista económico, las personas con un bajo nivel de renta toman decisiones financieras poco acertadas. Ello contribuye a que su situación de pobreza se agrave, por lo que se genera un círculo vicioso: las decisiones económicas y financieras inadecuadas refuerzan la mala situación económica de partida.

Pero ¿por qué las personas de ingresos bajos toman peores decisiones económicas? La respuesta se ha buscado en varios mecanismos psicológicos, entre ellos, el efecto negativo que provoca el estrés a causa de la pobreza. Junto con Abigail Barr, de la Universidad de Nottingham, y Paloma Úbeda, de la Universidad del País Vasco, hemos investigado el fenómeno desde otra perspectiva: ¿ejerce el desempleo un impacto negativo sobre los valores y el comportamiento económico de las personas que lo sufren? Con el objetivo de saber si las personas dejan de recompensar el esfuerzo una vez que se quedan desempleadas, reclutamos a 151 jóvenes de entre 18 y 35 años para que participaran en el juego de la justicia distributiva. En este, premiar el esfuerzo significa que se aceptan las desigualdades económicas relacionadas con el trabajo de las personas pero que, en cambio, se rechazan las diferencias debidas a la suerte.

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