Misión: escanear el cerebro

¿Cómo se puede explorar el cerebro de un niño? En el Instituto Max Planck de Investigación en Educación se utiliza el juego: los jóvenes probandos deben imaginarse que son astronautas y que viajan dentro de una nave espacial. En realidad se hallan dentro del escáner.

El joven astronauta debe pulsar un botón tan pronto aparezca un alienígena en la pantalla que se encuentra sobre sus ojos. [MARCO URBAN]

En síntesis

En el instituto Max Planck de Investigación en Educación de Berlín, los científicos motivan a los niños para que permanezcan quietos en el tomógrafo por resonancia magnética. La mejor estrategia consiste en inventar historias: ellos son astronautas;
el escáner, su nave espacial.

La estrechez y el ruido del escáner cerebral pueden asustar a los niños. Algunos expertos se muestran reticentes ante este tipo de investigaciones con menores por motivos éticos.

Hasta ahora no existen pruebas de que estos estudios comporten un peligro para la salud de los probandos. La mayoría de las comisiones evaluadoras clasifican el riesgo de estas investigaciones como mínimo.

Hola, capitán Neo, te habla la estación terrestre», se oye por por los altavoces. «Ahora lanzaremos tu cohete; intenta estar tan tranquilo y relajado como puedas, ¿de acuerdo?» «Sí», contesta el capitán por el micrófono. De repente, ruidos amenazadores penetran en la nave. Y con ellos comienza un verdadero viaje de descubrimientos. Pero no por la inmensidad del universo, sino por el cerebro de Neo.

Una hora y media antes, Neo, de seis años, arriba con su padre al Instituto Max Planck de Investigación en Educación de Berlín. Apenas ha llegado al vestíbulo del laboratorio, se precipita hacia los juguetes que allí se encuentran. Sobre todo le llama la atención un pingüino de peluche. Mientras el padre conversa con los investigadores, él se entretiene por las instalaciones. Todavía puede comportarse como un niño, pero sabe que luego tendrá que estar quieto y en silencio. Los adultos quieren observar qué sucede en el interior de su cabeza cuando reconoce objetos.

«Los niños juegan a ser astronautas. El tomógrafo de resonancia magnética se convierte en su nave espacial», describe el neurocientífico Attila Keresztes. El símil resulta convincente, puesto que, al fin y al cabo, el escáner cerebral se asemeja a una nave espacial: también es ruidoso y estrecho. En este juego, el laboratorio se transforma en la estación terrestre.

Durante los primeros años de vida, el cerebro humano experimenta los mayores progresos en su desarrollo, por lo que atrae de manera particular el interés de neu­ro­cien­tí­fi­cos y psicólogos. Sin embargo, descubrir los secretos que alberga el tierno cerebro de un niño no resulta fácil. Los científicos deben motivar y animar a sus jóvenes probandos para que colaboren. La mejor táctica consiste en contar una historia.

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