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1 de Enero de 2013
Técnicas de la neurociencia

Atlas genético del cerebro

Una cartografía del encéfalo humano, minuciosamente construida, revela las raíces moleculares de la enfermedad mental. Y de la conducta cotidiana.

Los puntos en esta reproducción tridimensional del cerebro humano señalan las ubicaciones donde se halla activo un solo gen, que actúa, típicamente, como plantilla para una molécula de proteína. Las líneas finas corresponden a fibras nerviosas. [CORTESÍA DEL INSTITUTO ALLEN DE CIENCIAS CEREBRALES]

En síntesis

Investigadores del Instituto Allen para la Ciencia del Cerebro han cartografiado y medido el cerebro del ratón y el humano a partir de la actividad genética de las neuronas.

El atlas del cerebro, de acceso libre en Internet, revela nuevos conocimientos sobre la arquitectura y el funcionamiento cerebral.

La cartografía permite escrutar las estructuras que se consideran alteradas en trastornos mentales y buscar su huella molecular. También podría proporcionar nuevos conocimientos sobre el modo en que actúan los fármacos.

Este artículo forma parte de la serie de MyC «Técnicas de la neurociencia».

Desde antiguo se han querido conocer y comprender las bases biológicas del pensamiento. Ya en el siglo II de nuestra era, Claudio Galeno, filósofo y médico, sostenía que el cerebro era una glándula que segregaba fluidos hacia el resto del cuerpo a través de los nervios, una tesis sostenida sin disputa durante siglos. En las postrimerías del siglo XIX, los investigadores clínicos vincularon regiones cerebrales específicas con funciones concretas, al establecer correlaciones entre anomalías anatómicas del cerebro, observadas post mórtem, con deficiencias en la conducta o la cognición. El cirujano francés Pierre Paul Broca descubrió que una región del hemisferio cerebral izquierdo controlaba el habla. Ya en la primera mitad del siglo XX, el neurocirujano Wilder Penfield esbozó un mapa de funciones cerebrales mediante estimulación eléctrica en diferentes puntos del encéfalo de pacientes conscientes durante operaciones de neurocirugía. Los estímulos evocaban vívidos recuerdos, sensaciones corporales localizadas o el movimiento de un brazo o un dedo del pie.

Nuevos procedimientos no invasivos de observación de la actividad del cerebro humano han facilitado en tiempos recientes la localización anatómica del pensamiento y la conducta. La formación de imágenes mediante resonancia magnética funcional (IRMf) ha permitido ver qué áreas cerebrales se activan cuando un individuo realiza movimientos sencillos (alzar un dedo) o procesos mentales más complejos (reconocer un rostro o formular un juicio moral). Dichas imágenes no solo revelan las divisiones funcionales del cerebro, sino también cómo se coordinan mientras se desarrollan actividades cotidianas. Algunos investigadores están valiéndose de esta técnica en el intento de detectar las mentiras e incluso las intenciones de compra de las personas; otros se esfuerzan en comprender las alteraciones que tienen lugar en trastornos como la depresión, la esquizofrenia, el autismo o la demencia.

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