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Electrodos que despiertan

La estimulación directa del cerebro puede restablecer la consciencia de los pacientes.

CORBIS / FAMILIA SCHIAVO

La mayoría de los estudiosos sobre las bases de la consciencia son «chovinistas» corticales: se centran en los dos hemisferios corticales que coronan el cerebro. Ahí se asientan, supuestamente, la percepción, la acción, la memoria, el pensamiento y la consciencia.

Nadie duda de que la enorme especificidad de cualquier experiencia de percepción consciente (el dolor punzante en el alvéolo dental después de extraer una muela del juicio; la sensación de familiaridad del déjà vu; la experiencia de la comprensión repentina o «ajá»; el azul celeste del paisaje contemplado desde una alta montaña; la desesperación al leer acerca de un nuevo ataque suicida, etcétera) se encuentra mediada por coaliciones de células nerviosas corticales sincronizadas y sus dianas asociadas en los «satélites» de la corteza: el tálamo, las amígdalas, el claustro y los ganglios basales. Los grupos de neuronas corticales son los elementos que construyen el contenido de cada experiencia concreta, rica y vívida. Sin embargo, ese contenido solo puede aportarse si se encuentra intacta la infraestructura básica que lo representa y procesa. Aquí es donde aparecen las regiones menos glamurosas del cerebro, ocultas en las catacumbas.

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