Automatismos cerebrales

Reseña del libro de Yves Agid Subconsciousness. Automatic behavior and the brain (Columbia University Press, 2021)

De cuanto sucede a nuestro alrededor, solo tenemos consciencia de una fracción muy pequeña. El cerebro recibe sin cesar un bombardeo constante de información, en tiempo (milisegundo a milisegundo) y espacio (entornos próximo y remoto). La información percibida es de carácter auditivo (desde el ruido de fondo hasta el diálogo presencial), visual (de complejidad creciente debido al movimiento del sujeto con respecto al medio y del medio con respecto al sujeto), táctil, gustativo y olfativo.

Podríamos preguntarnos si con ese aluvión de sensaciones no se llegaría a bloquear el cerebro. Por fortuna, solo parte de esa información queda registrada en el cerebro. Ante semejante avalancha de estímulos nos sentimos impelidos a actuar sin reflexión previa, cual automatismos. Las conductas automáticas, así son la mayoría de nuestras actividades, acontecen de manera subconsciente. No obstante, pese a la enorme importancia que tienen para nuestra salud física y mental, avanzamos todavía bastante inseguros en el conocimiento de las bases fisiológicas de la subconsciencia. Este estado mental controla el 99 por ciento de nuestra conducta y su sustrato anatomofisiológico reside en una de las partes más antiguas del cerebro. Y, como es habitual en otras ramas de la biología, la ciencia procede a partir de los fracasos, que aquí toman forma de trastornos cerebrales.

Investigador en neurobioquímica durante muchos años y entregado a la práctica clínica un tiempo, Yves Agid, autor de Subconsciousness, es fundador del Instituto Internacional sobre el Cerebro con sede en París y profesor emérito de neurología y biología celular del Hospital Pitié-Salpêtrière. Miembro de la Academia Francesa
de Ciencias, ha contribuido con aportaciones significativas al conocimiento de patologías neurodegenerativas, en particular la enfermedad de Parkinson y el alzhéimer.

Cuando hablamos de subconsciente, ¿de qué estamos hablando? ¿Es el subconsciente una función mental claramente definida en sí misma o una aptitud que implica diversos componentes? ¿Significa que nos percatamos de lo que nos rodea o que hacemos las cosas de forma automática, o ambas cosas? De todas esas y otras cuestiones habla el libro. En un centenar escaso de páginas, Agid ofrece una exposición cristalina y sencilla de la subconsciencia y su significación para la vida de la persona. Señala a los ganglios basales (estructuras primigenias del cerebro) como el nodo fisiológico de la subconsciencia, cuyo papel en el control y la producción del comportamiento automático, incluidos los procesos motores, intelectuales y emociones examina. Tal comportamiento resulta crítico en el mecanismo de la subconsciencia. El autor pone de relieve las consecuencias para las diversas patologías cerebrales, mostrando en qué medida las disfunciones de los ganglios tienen repercusiones clínicas, que ejemplifica en el la enfermedad de Parkinson, en los trastornos obsesivos-compulsivos y la depresión. El papel de los ganglios basales no se halla limitado a los movimientos, sino que sirven también de reservorio de procesos intelectuales y funciones emocionales. Aunque el movimiento es la síntesis de nuestras emociones, nuestro intelecto y nuestra condición física.

No existe sobre los comportamientos automáticos de los humanos el cuerpo sistemático de doctrina que poseemos sobre memoria, lenguaje, consciencia y demás funciones cognitivas mentales. No carece, sin embargo, de una benemérita historia, en la que encontramos a psicólogos de la talla de Pierre Janet o William James, y filósofos del renombre de Friedrich Nietzsche. Tampoco hemos de confundir el «inconsciente» freudiano con el subconsciente. Para Sigmund Freud, la noción de inconsciente consistía en el contenido mental reprimido que causaba enfermedad en las personas y, por ende, el objetivo de la terapia era aliviar al paciente convirtiendo lo inconsciente en consciente.

Al estudiar el fenómeno, son muchas las preguntas que nos planteamos: ¿Qué es la subconsciencia en humanos y su comparación con otros animales? ¿En qué se distingue la facultad de la subcosnciencia de los conceptos clásicos de conciencia y metaconsciencia? ¿Qué acontece en el cerebro cuando los ganglios basales funcionan mal, es decir, cuando es anormal el procesamiento de la subsconciencia?

Opera mi subconsciencia, pensemos en la conducción de un coche, cuando de manera automática percibo lo que acontece a mi alrededor, sin reparar en el porqué de tales actos. En cuanto me detengo a reflexionar sobre lo que estoy haciendo, dejo de comportarme de manera automática para entrar en el ámbito de la consciencia. Si doy un paso más, y medito en qué estoy pensando o qué medidas estoy tomando, me encuentro ya en un estado de metaconsciencia. Con otras palabras: al saltar de un estado de subconsciencia a un estado de consciencia, nuestro cerebro se desentiende del comportamiento automático para implicarse en actos voluntarios e intencionados. Si de ahí pasamos a una suerte de conversación interna con nosotros mismos, nos hallamos ya en un estado de metaconsciencia. Importa señalar que el estado de subcosnciencia persiste a lo largo de toda la vida, que en ocasiones domina la consciencia y que muy raramente estamos en un estado de metaconsciencia. En un estado de metaconsciencia, pese a la brevedad del tiempo empleado, la información retenida es notable. En un estado de consciencia, la información se prolonga más, aunque se retiene una cantidad limitada. En un estado de subconsciencia, la retención es imperceptible y permanente.

La subconsciencia (el pensamiento, el sentimiento y la acción automáticos) constituye un fenómeno complejo, unas veces intencional (con un fin buscado), otras no intencional (involuntario). Los actos intencionales se almacenan en la memoria; los actos no intencionales no se retienen necesariamente. La subconsciencia intencional expresa una voluntad con un propósito. Aun cuando no estemos pensando en qué estamos pensando, no dejamos de acometer acciones sumamente adaptadas. Pueden estas ser más o menos elementales (atarse los zapatos o mondar una naranja) y más o menos complejas (conducir el coche o asearse). En todo caso, son automáticas. Caen, por tanto, bajo el epígrafe de subconscientes. Por ser automáticas, las tareas se ejecutan sin esfuerzo, sin miedo y con intenciones creativas.

Las conductas automáticas dependen de un funcionamiento adecuado de los ganglios basales. En el enfermo de párkinson, los comportamientos automáticos (pasear, lavarse los dientes o escribir) se hallan alterados debido a una disfunción de los ganglios basales, en tanto que las funciones cognitivas (gobernadas por la corteza cerebral) persisten inalteradas. A esas estructuras del interior cerebral le llega, a través de la corteza, información del entorno. La almacenan e inician de forma autónoma el comportamiento motor. Ahora bien, cada componente de estos
movimientos automáticos incluye un conjunto de secuencias motoras independientes que asegura la coordinación del organismo entero en acción. Los ganglios facilitan el movimiento mediante la modulación de su amplitud y velocidad y eliminando los movimientos inapropiados o no deseados. No es tarea fácil, porque cualquier movimiento automático, también el más elemental, incluye una constelación de movimientos rutinarios. La subconsciencia está en todos los organismos que poseen un sistema nervioso elaborado (vertebrados).

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