Fascinación por los espejismos

La centenaria atracción de los humanos por los fenómenos ópticos

[DisillusionedBitterAndKnackered/ Own work, CC BY-SA 4.0]

En junio de 1827, tras un largo día de viaje, el periodista Richard Madden llegó a Adjerond, en Egipto, cerca de Suez. Dirigió su mirada hacia el horizonte sobre el vasto desierto cuando le sorprendió una visión que recordaría mucho tiempo después de su periplo. «Por un momento, ante mis ojos se extendía la superficie ondulada de un lago [...], las mezquitas y los minaretes eran perceptibles, pero en varias ocasiones tuve que preguntar a los beduinos si lo que teníamos enfrente no era Suez. Pero se rieron de mí y me indicaron que todo era arena», escribió más tarde.

Un artículo publicado en 2020 por la historiadora de la ciencia Fiona Amery, de la Universidad de Cambridge, revela que los espejismos se convirtieron por primera vez en objeto de atracción popular en la Gran Bretaña de las décadas de 1820 y 1830. Experimentaron un boom a través de las vívidas descripciones en novelas, revistas científicas y literatura de viajes.

Asimismo, durante ese período creció la fascinación entre el público por los engaños visuales, como eran los espectáculos de linterna mágica o mediante instrumentos como el estereoscopio o el zoótropo, un dispositivo cilíndrico que al girar mostraba una sucesión de imágenes en movimiento ante la mirada de los espectadores.

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