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Actualidad científica

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  • Mente y Cerebro
  • Mayo/Junio 2018Nº 90

Adicción

Pastillas contra la adicción al alcohol

Salir de las garras del alcohol para siempre no resulta fácil. Se investigan medicamentos capaces de allanar el camino hacia la abstinencia.

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La mirada de Miguel, un hombre afable, de edad indefinida pero con aspecto de estar agotado, vaga durante unos instantes por la habitación antes de retomar la palabra. «Todavía me acuerdo del día en que me percaté de que tenía un problema. La noche anterior había bebido, como de costumbre. Cuando me levanté por la mañana, me sentía fatal. Tomé un par de cervezas para combatir la resaca, pero no me sirvió de nada. Entonces pensé: “Alguna cosa falla”.»

Al principio, Miguel bebía cerveza. Con el paso del tiempo, solo aguardiente. El año pasado ingresó en el hospital diez veces en nueve meses para un tratamiento de desintoxicación por alcohol. «De nuevo estoy en la clínica. Siempre me va bien allí. No me encuentro tan solo en ese sitio. ¿A vosotros os sucede igual?», pregunta al resto de los participantes en una reunión de un grupo de autoayuda. A ella asisten regularmente de 10 a 15 personas alcohólicas, entre las que se encuentran amas de casa, desempleados y profesionales en activo. Hablan sobre su día a día y sus problemas; también se dan consejos. Algunos han aprendido a usar la bebida como estrategia para escapar de los problemas de sus padres; otros padecen traumas o depresión; algunos más han sucumbido al alcohol sin padecer ningún trastorno psíquico previo. De alguna forma, todos reflejan existencias fracasadas. Y todos son personas completamente normales.

Aproximadamente, solo un 10 por ciento de las personas con problemas de alcoholismo se somete a tratamiento, y las perspectivas de controlar la adicción no son tan halagüeñas como podría esperarse. Las probabilidades de vencer un cáncer son mejores que las de conseguir convertirse en un abstemio crónico. La mitad de los afectados que asisten a una terapia a largo plazo tras una primera desintoxicación acaban recayendo al cabo de un año.

Jorge es un veterano en este terreno. Después de vivir treinta años atrapado por el alcohol, decidió acudir a un programa terapéutico en busca de ayuda. La primera recaída tuvo lugar a los seis meses de terapia; la segunda, pasado un año, pese a que contaba con el apoyo de la familia, de los grupos de autoayuda y de que puso todo su empeño en superar su adicción. Tras el último fracaso, su esposa le insistió en que lo intentara de nuevo. Su hija, en cambio, le propuso otra opción: en Internet había leído una información sobre el uso de un medicamento llamado baclofeno.

Aunque se trata de un relajante muscular diseñado para tratar la espasticidad y mejorar la movilidad de las personas con esclerosis múltiple, algunos médicos recetan baclofeno a sus pacientes con alcoholismo. No obstante, por ahora, dicho uso no está autorizado oficialmente. Con todo, hace más de un año que Jorge engulle estas píldoras con «una finalidad no autorizada». Ha tardado un tiempo en notar una mejoría, pero desde hace unos meses ya no piensa en que necesita urgentemente agarrar su petaca. «No puedo asegurar que ello sea gracias al medicamento, pero aquella ansia interior que sentía antes ha desaparecido», explica.

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