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Actualidad científica

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  • Mente y Cerebro
  • Mayo/Junio 2018Nº 90

Neurociencia

Teorías de la consciencia

¿Qué es la consciencia? ¿De dónde surge? ¿Qué nos faltaría si careciéramos de ella?

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La investigación de la consciencia es una historia de desilusiones. A muchos les decepciona que precisamente la psicología haya abandonado su explicación de manera progresiva. Si bien esta disciplina reconoce las manifestaciones de la consciencia como fenómenos y describe las leyes que las rigen, no aclara qué son ni cómo se generan.

Tal estrategia la siguieron los psicólogos y filósofos Gustav Theodor Fechner (1801-1887) y Wilhelm Wundt (1832-1920) cuando fundaron en el siglo xix la psicología experimental. El precio que hubo que pagar a cambio de la apuesta por la investigación empírica de la mente fue la renuncia a la teoría. Incluso, unas décadas más tarde, los conductistas ignoraron el fenómeno de la consciencia por completo. En su lugar, se limitaron al análisis de las conductas [véase «Un siglo de conductismo», por Stephen F. Ledoux; Mente y Cerebro n.o 58, 2013]. Con ello se pretendía no sobrecargar la ciencia con metafísica. Esta postura ha marcado y sigue marcando el desarrollo de la psicología. Hoy, las manifestaciones de la consciencia son objeto de la investigación empírica, pero carecemos de teorías que merezcan ese nombre.

Desde hace algún tiempo, la neurociencia va ganando terreno a la psicología en este ámbito. Sin embargo, sus aportaciones también decepcionan: la oferta teó­rica apenas resuelve los enigmas. Intenta explicar la consciencia a partir de la identificación de sus correlatos neuronales, es decir, desde los procesos cerebrales con los que se la relaciona. Claro está que no hay nada que objetar a la idea de que la consciencia se base en procesos cerebrales, pero ello no significa que revelen exhaustivamente el funcionamiento de la consciencia. Ya que este tipo de procesos posibilitan determinadas funciones cognitivas, las explicaciones deberían permitir deducir propiedades de la consciencia a partir de propiedades de esas funciones. En pocas palabras, el entendimiento sobre la participación de los procesos cerebrales podría ayudar, pero no ofrece explicaciones concluyentes por sí solo.

La filosofía nos regala otras frustraciones. Desde tiempo inmemorial, la consciencia y el papel que desempeña en el mundo constituye uno de los grandes temas de la metafísica y de la teoría del conocimiento. Los filósofos utilizan métodos analíticos —en parte fenomenológicos, en parte lingüísticos— para describir la relación entre procesos materiales y mentales. De esta forma surgen descripciones, pero no explicaciones. La filosofía resulta sobre todo competente para aclarar ideas y conceptos teóricos, pero no para establecer consecuencias de fenómenos empíricos. Por otra parte, numerosos filósofos adoptan una postura escéptica frente al pensamiento biológico analítico funcional, el cual resulta indispensable para explicar la consciencia.

Empecemos de nuevo. ¿Qué significa explicar la consciencia? ¿A qué nos referimos cuando hablamos de consciencia? ¿Y qué exigimos de las teorías que deben explicarla?

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