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1 de Marzo de 2016
Medicina

Síndrome de fatiga crónica

Sus causas no se conocen con certeza. Y algunos ponen en duda su entidad. No obstante, los investigadores han determinado los síntomas de este síndrome. También abogan por cambiar su denominación.

ISTOCK / ENRICO FIANCHINI

En síntesis

En contra de un prejuicio muy extendido, el síndrome de fatiga crónica (SFC) es una enfermedad somática, aunque puede dar lugar a problemas psíquicos.

Las causas de este trastorno no se conocen con certeza; sin embargo, la regulación anómala del sistema inmunitario parece desempeñar un papel importante.

Un comité de expertos redactó a finales de 2014 unos criterios diagnósticos más sencillos. También propuso una nueva denominación para el SFC: enfermedad sistémica de intolerancia al agotamiento.

Heiko viaja a Berlín con un único objetivo: asistir al congreso que organiza cada año la asociación federal para el síndrome de fatiga crónica Fatigatio. Al llegar al recinto donde se celebra el evento, en lugar de apuntarse a alguna de las actividades incluidas en el programa, se acomoda sobre una de las tumbonas plegables que se encuentra en la sala de descanso. «Antes me he mareado y he empezado a sudar», explica. «Me he sentido muy cansado. Se me ha hinchado de nuevo la cara y he pensado que sería mejor tumbarme.»

Con poco más de 40 años de edad, Heiko no es el único que se pierde parte del congreso, al que asisten anualmente numerosos afectados del síndrome de fatiga crónica (SFC) de toda Alemania. Aunque son conscientes de su enfermedad, muchos de ellos rechazan el nombre del síndrome. No soportan ciertos comentarios. «Sí, yo también estoy agotado después de una semana intensa de trabajo». «Descansa un rato y te recuperarás». El SFC es harina de otro costal, pese a que pocos lo entiendan así.

Según se estima, el síndrome afecta a alrededor de tres personas por cada 1000 habitantes. Los afectados sufren grandes limitaciones en su vida cotidiana. Una paciente relata que, a veces, solo puede vaciar el lavavajillas si realiza pausas para recuperarse, incluso cuando su intención es acabar la tarea cuanto antes. Otra afectada reconoce que se atrinchera casi todo el día en casa con el fin de reservar energía para encontrarse con sus amistades. Quiere estar en forma durante la hora que dedica a tomar un café y a conversar con los amigos. Un individuo explica que un conocido suyo ni siquiera tiene fuerzas para ir al cuarto de baño, por lo que ha instalado un lavabo de camping junto a su cama. El propio Heiko habla con ímpetu al principio de la entrevista, pero en seguida pierde brío: apenas puede retener pensamientos claros y las palabras ya no le salen.

Aunque los síntomas del SFC se confunden al principio con una depresión, existen diferencias. Una persona con trastorno depresivo posee la fuerza física necesaria para llevar a cabo todas las acciones mencionadas, incluso más, pero le falta el impulso para ello. Al individuo con SFC le ocurre justo lo contrario: le encantaría realizar muchas actividades, mas carece del vigor o la concentración para conseguirlo.

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