Las raíces de la ansiedad, visibles desde los 14 meses de vida

Ciertos comportamientos en un niño pueden presagiar problemas de ansiedad en la edad adulta. Ello abre la posibilidad de aplicar medidas preventivas.

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Tendencia a preocuparse por todo, miedo a ser juzgado por los demás, crisis de pánico, tensión constante. La ansiedad puede adoptar múltiples formas y complicar de manera notable la vida de algunas personas. Pero ¿a partir de qué momento vital se desarrolla esta «sobrerreactividad emocional»? ¿Cómo puede evitarse que alcance semejantes proporciones? Para averiguarlo, Alva Tang, de la Universidad de Maryland, y otros científicos han llevado a cabo el seguimiento de una cohorte de 165 individuos desde la infancia hasta la edad adulta, es decir, durante casi treinta años. Así, las primeras evaluaciones se realizaron a los 14 meses de vida de los participantes. ¿El principal hallazgo? Un rasgo de personalidad muy particular en la primera infancia predice la aparición de problemas de ansiedad y depresión en la vida adulta. A saber, la llamada «inhibición conductual».

La inhibición conductual se caracteriza por una actitud cautelosa y temerosa hacia todo lo que resulta desconocido o poco familiar. Con el fin de examinar ese rasgo de la personalidad en niños pequeños, los investigadores los expusieron a tres situaciones: en una debían jugar libremente en una habitación desconocida para ellos; en otra, interactuar con una persona extraña, y en la tercera, entretenerse con un juguete nuevo, por ejemplo, un robot. A continuación, midieron diversos parámetros, entre ellos, el tiempo que tardaban en atreverse a tocar el juguete novedoso o a hablar con el desconocido. Cuanto más se demoraba en efectuar esas acciones, más fuerte era la inhibición conductual del niño («No se atreve a seguir adelante», «Siente una especie de precaución, incluso de miedo, ante la novedad y lo desconocido»). Ya de adultos, unos 25 años después, los participantes cumplimentaron diversos cuestionarios con los que se evaluaba su personalidad, comportamiento social (sentirse bien con la familia y los amigos, estar satisfecho de las relaciones interpersonales, sentirse solo, etcétera) y los posibles síntomas de ansiedad y depresión.

Los resultados revelaron que a los 26 años, los sujetos que habían experimentado una fuerte inhibición comportamental en la temprana infancia eran, en promedio, más introvertidos y tenían menos desarrollada su vida social. Asimismo, presentaban más problemas de ansiedad y depresión. Por el contrario, no se encontraron diferencias con los otros participantes en cuanto al desempeño universitario o profesional.

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