Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Mente y Cerebro
  • Mayo/Junio 2014Nº 66
Encefaloscopio

Psicología

Gratuito

Vencer el miedo a la felicidad

Aprender a asumir sentimientos gratos allana el terreno para futuras terapias.

Menear

Suele considerarse que la desdicha es algo que debemos prevenir, evitar o eliminar. Sin embargo, estudios recientes han revelado que, a ciertas personas, lo que les asusta es el bienestar. Identificar este temor y superarlo mediante terapias específicas podría constituir un primer paso fundamental previo al tratamiento de otros trastornos mentales.

Según dos nuevos estudios, entre las razones para temer las emociones positivas se cuenta el sentimiento de que no son merecidas o la creencia de que la buena fortuna viene siempre acompañada de una inevitable pérdida. Mohsen Joshanloo, de la Universidad de Wellington, en Nueva Zelanda, ha elaborado una escala de temor a la felicidad, en la cual los participantes indican su grado de conformidad con enunciados como «Disfrutar mucho y pasarlo muy bien provoca desgracias». Tales creencias amargan a individuos de muchos países, según un trabajo publicado en línea en octubre de 2013, en el Journal of Cross-Cultural Psychology. El estudio afirma que la escala es fiable en catorce culturas.

Utilizando una escala similar, Paul Gilbert y sus colaboradores del Hospital Kingsway, en Derby, constataron en 2012 que el miedo a la felicidad presentaba una elevada correlación con la depresión, si bien dicho temor se manifestaba de diferentes formas. «Hay quienes asocian la felicidad a estar relajados u ociosos, como si la felicidad fuera algo frívolo y uno tuviera que estar dedicándose sin cesar a alguna cosa; otros se sienten mal si no tienen siempre alguna preocupación», explica Gilbert. «Y no faltan quienes temen que si algo les hace felices, les será arrebatado.»

Investigaciones previas respaldan la idea de que la aversión a las emociones positivas a menudo guarda relación con trastornos mentales. Se ha observado que los pacientes que sufren depresión grave tienden a temer y a suprimir las emociones, tanto negativas como positivas, en mayor medida que los individuos sanos. Según Gilbert, estos hallazgos arrojan luz sobre un aspecto crítico para el tratamiento, muchas veces olvidado, y añade: «Es muy importante que el miedo a la felicidad se considere una diana terapéutica por derecho propio; debe ser tratado como cualquier otra fobia», ya sea mediante la administración de tratamientos o con técnicas de concienciación, a través de las cuales los individuos se permitan ser felices sin juzgarse por ello. En la terapia tradicional suele animarse al paciente deprimido a participar en situaciones placenteras, pero estos nuevos hallazgos indican que hay personas que necesitan una práctica previa, antes de permitirse sentir emociones gratas.

 

¿Le asusta ser feliz?

Asigne a cada uno de los siguientes ítems un valor de 0 (nada que ver conmigo) a 4 (ese es justo mi caso). El cuestionario no tiene fines diagnósticos, pero un resultado de más de 20 puntos podría indicar que al lector le asusta ser feliz más que a la mayoría de los individuos.

1. Temo llegar a ser demasiado feliz.

2. Me resulta difícil confiar en sentimientos positivos.

3. Mis buenos sentimientos nunca duran mucho.

4. Siento que no merezco ser feliz.

5. El bienestar me causa incomodidad.

6. No me interesan en gran medida los logros o situaciones positivas.

7. Cuando se es feliz, nunca se sabe si caerá del cielo una desgracia.

8. Me preocupa que si me siento bien pueda ocurrir algo malo.

9. Cuando uno se siente a gusto baja la guardia.

(Fuente: «Fears of compassion and happiness in relation to alexithymia, mindfulness, and self-criticism». P. Gilbert et al., enPsychology and Psychotherapy, vol. 85, n.o 4, diciembre de 2012)

Puede conseguir el artículo en: